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Josep M. Lozano

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Persona, Empresa y Sociedad
El blog de Josep M. Lozano  
   
abr 15

Written by: Josep M. Lozano
15/04/2009 13:45 

Estoy convencido de que en los próximos años la cuestión de la presencia de la RSE en las escuelas de negocios va a ser un tema recurrente. De lo que no estoy tan seguro es de que se plantee de manera adecuada a los tiempos que estamos viviendo. Lo más probable es que el enfoque dominante ponga el acento en el currículum: si se introduce la RSE en los programas (o no), cómo y con qué metodologías. La paradoja es que la cuestión de la enseñanza de la RSE en las escuelas de negocios, hoy por hoy, es, desde mi punto de vista, un tema a la vez pendiente y superado. Pendiente, porque en muchos casos no se han resuelto todavía ni sus contenidos, ni su lugar en los programas, ni sus metodologías. Superado, porque lo que se les plantea a las escuelas de negocios con la pregunta por la RSE no es un tema de currículum, sino una cuestión de identidad. Y mi sospecha es que el tema del currículum no se resolverá satisfactoriamente hasta que se dé respuesta a la cuestión de la identidad. ¿En qué términos? Aunque no cabe duda de que la respuesta es compleja, creo que no es tan difícil esbozar en qué parámetros debería moverse dicha respuesta. Y me arriesgo a ensayar una, aunque sólo sea para poder compartir la reflexión y dialogar sobre ella.

Creo que los dos grandes parámetros en los que debe situarse la presencia de la RSE en las escuelas de negocios son la gestión y la transmisión.

Gestión. Hasta dónde se me alcanza, este es un punto que prácticamente no se ha planteado, y que no puede demorarse más. Dicho de manera simple: ya que (se supone que) las escuelas de negocios hablan de la RSE, ¿se aplican ellas mismas los criterios y la prácticas de la gestión socialmente responsable? Es decir, ¿lo que recomiendan hacer a las empresas tiene sentido también para ellas, o su misión es solo exhortar a los demás sobre lo que debieran hacer? Pongamos de manera desordenada algunos ejemplos posibles: ¿han explicitado su misión y sus valores?; ¿qué relación tienen con sus stakeholders (con diálogo o sin él)?; ¿con qué criterios eligen a sus proveedores?; ¿qué prácticas de conciliación se llevan a cabo en su seno?; ¿cómo funcionan sus instancias de gobierno?; ¿qué niveles de transparencia tiene su modelo de gestión?; ¿realizan algún tipo de memoria anual y, caso de que sea así, de qué informa y con qué criterios?; ¿han incorporado criterios de gestión sostenible?; ¿han valorado su huella ecológica?; ¿han asignado alguna responsabilidad en la gestión de su propia RSE? Y así podríamos seguir, para llegar siempre al mismo punto: ¿cuánto tiempo falta para que un participante en un programa, una empresa asesorada o un patrocinador pregunte a la escuela de negocios por qué no lleva a cabo aquello que dice que es tan beneficioso para la empresa?

Transmisión. Cuando se habla de RSE en las escuelas de negocios la pregunta habitual de refiere a su presencia en el currículum, a la transmisión de la RSE. En definitiva a la existencia –o no- de una asignatura que, lleve el nombre que lleve, cumpla con el expediente de lo requerido. Pues bien, considero que la presencia de la RSE en el currículum va más allá de la pregunta por la asignatura, que cabe considerar como una condición necesaria, pero no suficiente. Lo que propongo es que, en relación con la transmisión de la RSE, las escuelas de negocios deberían distinguir entre el currículum explícito y el implícito, que, a su vez, incluyen diversos apartados.

1. Currículum explícito. Lo podemos dividir en tres categorías: temático, transversal y diseminado (y en cada uno de ellos podríamos considerar dos aspectos: contenidos y metodología, pero ahora no entraremos en ellos).

1.1. En el currículum temático incluiremos aquellas unidades docentes en las que se trate explícitamente y sistemáticamente de la RSE, y el lugar que ocupan dichas unidades en los programas y en los cursos. En este punto, considero que cada vez será más necesario que la docencia no reduzca de manera miope la RSE a la mera gestión de la RSE, e incorpore, por derecho propio, temas de geopolítica, sociología y filosofía social.

1.2. En el currículum transversal incluiremos todo lo que se refiere a la incorporación de una sensibilidad RSE en las diversas áreas y disciplinas que se proponen en todos los programas. Si, al final, la pregunta por la RSE no es la pregunta por la existencia –o no- de un departamento, sino la pregunta por el modelo de negocio y el modelo de gestión y, en último término, por el modelo de empresa, quizá hay que empezar a plantearse que tan decisivo (o más) que la existencia de una asignatura de RSE es el modelo de empresa y de gestión que transmite cotidianamente la escuela negocios en toda su docencia. Y, por tanto, si la incorporación de dicha sensibilidad RSE es algo que se deja al azar de lo que ocurra en el claustro de profesores, o es algo que se persigue sistemáticamente.

1.3. En el currículum diseminado incluiremos toda una serie de actividades muy presentes en las escuelas de negocios y que casi nunca se analizan en clave RSE. Por ejemplo, ¿qué actividades extra-académicas se llevan a cabo?; ¿qué tipo de perfiles profesionales se invita a intervenir en las aulas?; ¿qué tipo de iniciativas se fomentan entre los estudiantes?; ¿qué modelos de éxito empresarial se proponen, de hecho? Por apuntar un tema, entre los muchos posibles, que pueden plantearse desde esta perspectiva: las escuelas de negocios han desarrollado una inmensa elaboración sobre el papel de los casos en la educación; creo que ya sería hora de que hicieran un esfuerzo parecido sobre el papel de la ejemplaridad: ¿a quién proponen como ejemplos, y de qué son ejemplo dichos ejemplos?

2. Currículum implícito. Aquí me refiero a todo lo que afecta a la transmisión y/o configuración de los valores en una escuela de negocios, pero que no es identificable directamente en los programas de formación. Propongo dos categorías: investigación y procesos.

2.1. La investigación es clave para la calidad de una escuela de negocios. Pero es clave también para la calidad de su RSE y para la calidad de los valores que quiere transmitir. ¿Cómo se construye una agenda de investigación y sus prioridades? Decidir sobre lo que se investiga es decidir sobre lo que es relevante, importante y necesario conocer sobre el mundo de las empresas y las organizaciones. En este sentido, una agenda de investigación no es nunca neutra axiológicamente y, por consiguiente, debería formar parte sustancial de la identidad de una escuela de negocios. ¿Investigamos sobre lo que hay financiación o buscamos financiación para lo que conviene investigar? ¿El impacto de la investigación se reduce al factor de impacto de los journals donde se publica? Dime lo que investigas y sabré cuales son tus intereses, que es lo que valoras y cómo te proyectas hacia el futuro.

2.2. Sobre la relación –y la coherencia- entre sus valores formulados y sus procesos tampoco parece que las escuelas de negocios hayan reflexionado mucho. Se trataría de analizar qué valores se transmiten desde que una persona (alumno, profesor o personal administrativo) entra en relación con la escuela de negocios y, a lo largo de todo el proceso, hasta que termina esta relación. Aunque se debería analizar sistemáticamente cada fase del proceso, es fácil lanzar algunas preguntas que se plantean respecto a la relación de los valores y la identidad de cada escuela de negocios con sus maneras de proceder: ¿qué mensajes o imágenes transmite su publicidad?; ¿cuáles son los argumentos de venta en la comercialización de sus programas?; ¿qué mensajes se transmiten en el proceso de selección de profesorado?; ¿se explicitan los valores y se muestra la identidad en los procesos internos de socialización?; ¿están presentes en los planes de formación?; ¿el sistema de incentivos, las promociones internas y las formas de remuneración son coherentes con los valores que se proclaman?; ¿cómo son las experiencias de finalización de la relación con la escuela de negocios, quién cuida de ellas y qué valores predominan? Y así podríamos seguir…

A modo de reflexión final: clientes, profesionales, personas. Si la gestión y la transmisión son los dos parámetros que configuran la presencia de la RSE en una escuela de negocios, éstos, en último término deben encajar en una propuesta educativa. Lo que supone que una escuela de negocios ha de tener una respuesta clara a dos preguntas: ¿qué significa educar? y ¿a quién educamos y para qué? En este sentido, no deja de llamarme la atención que, en los últimos años, en las escuelas de negocios cada vez se hable más de clientes… con el riesgo de que al final sólo se hable de clientes. No cabe duda que hacerlo tiene una función higiénica: pone el acento en el hecho de aprender (y no tanto en el enseñar) y en atender a las necesidades de quien se dirige a la escuela. Pero la educación no es posible sólo tratando con clientes, entre otras razones porque una institución educativa es algo más que una empresa de servicios educativos. Es más: a veces la satisfacción del cliente puede ser la expresión más evidente de un fracaso o una dimisión de la educación como tal. Al fin y al cabo, la educación está comprometida con la búsqueda de la excelencia, pero no necesariamente con el éxito (o con lo que se entiende por tal). La excelencia requiere profesionales reflexivos, y formar a profesionales reflexivos hoy en día incluye necesariamente la capacidad de trabajar vitalmente con valores. Y para desarrollar la capacidad de trabajar con valores es necesario ofrecer recursos y facilitar experiencias que permitan el autoconocimiento y el desarrollo de la calidad humana: éste es uno de los grandes retos inmediatos de las escuelas de negocios. Un autoconocimiento que no sea una variante del autismo, sino el espacio de donde surgen la relación y el compromiso. Porque el auténtico analfabetismo de nuestro tiempo es que las personas no se conocen a sí mismas, y además se aplaude el hacer ostentación de ello.

En último término, pues, la identidad –y la RSE- de las escuelas de negocios pasará por decidir si tratan con clientes, con profesionales o con personas. Al fin y al cabo, el sujeto es el mismo, lo que cambia es la mirada y la interpelación que se le dirige, y el tipo de relación que se quiere construir con él a partir de dichas miradas. Las tres son necesarias, y no tienen por qué ser necesariamente incompatibles entre sí. Pero una escuela de negocios debería tener claro cual es la prioritaria para ella. Y actuar en consecuencia. En esto se juega su identidad

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