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Novetat editorial: El poliedre del lideratge
 
Àngel Castiñeira; Josep M. Lozano

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Josep M. Lozano

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Persona, Empresa y Sociedad
El blog de Josep M. Lozano  
   
jun 17

Escrit per: Josep M. Lozano
17/06/2015 16:59 

(Nota previa para evitar malentendidos: este no es un artículo sobre Ada Colau, sino sobre una tendencia que cada vez tiene más presencia en los diversos entornos organizativos).

Demasiado a menudo hablamos como si el liderazgo fuera una gracia divina o un programa informático que tienen unos privilegiados, que pueden ejercer de manera automática en cualquier lugar una vez los han puesto de manifiesto, con independencia del contexto o la situación. Y conviene recordar que no se requieren los mismos perfiles para liderar un movimiento social que un gobierno (y en ambos casos puede haber buen o mal liderazgo). Por consiguiente, no se puede liderar un gobierno como si fuera un movimiento social ni liderar un movimiento social como si fuera un gobierno.

Uno de los rasgos fundamentales de los movimientos sociales es que tienden a ser monotemáticos, a veces obsesivamente monotemáticos. Están focalizados en una causa que vertebra y orienta toda la acción, reciba el nombre que reciba la causa. Esto explica que los puede haber más progresistas y más conservadores (no por ser movimientos sociales son de izquierdas). Gobernar, en cambio, significa tener una mirada de conjunto sobre la institución que se gobierna y sobre la sociedad a la que se quiere servir, una visión pluritemática y tener que establecer prioridades, y saber explicar creíblemente el por qué. Gobernar no es establecer prioridades vertebradas sobre un monotema, sino sobre una visión de conjunto articulada que exige, inevitablemente, una fina gestión de la complejidad y unas capacidades de decisión y ejecución que no pueden quedar condicionadas, por ejemplo, a una constante consulta popular o a una asamblea ciudadana permanentes. También el independentismo como monotema, por ejemplo, nunca podrá ser plenamente inclusivo.

Y esto se aplica también a las competencias personales necesarias en cada caso. Cuestión ampliamente acreditada en todo el mundo. El liderazgo tampoco es, desde el punto de vista personal, una competencia única a la hora de dirigir. Dirigir requiere capacidades de comunicación y negociación, saber reconocer y transaccionar intereses, asignar recursos... y estas capacidades no son como las verdades eternas válidas en todo momento y lugar, sino que se han de ajustar y adecuar al marco institucional y organizativo donde se ejercen.

Hay por último, un aspecto que a menudo se descuida: el papel de los seguidores. Los seguidores no pueden esperar ni pedir lo mismo a un buen líder de un movimiento social que a un buen líder en el gobierno de una institución (o a un buen líder en los actos de campaña y un buen líder en la acción de gobierno ). Este es un punto en el que la pedagogía y la gestión de expectativas es fundamental, y esto a menudo se olvida. Muy a menudo lo que se vive como traición, desencanto o decepción no es más que la dificultad de entender y aceptar que las dinámicas de los movimientos sociales y las de los gobiernos no son las mismas, y que cada una de ellas tiene funciones y límites específicos en cualquier contexto social. También en un contexto de cambio social y sobre todo en un horizonte como el actual donde la gobernanza es el principal reto.

No estamos diciendo de ninguna manera que una misma persona no pueda pasar del liderazgo social en el liderazgo institucional, y viceversa. Y que no lo pueda hacer razonablemente bien en los dos ámbitos. De hecho, desde los inicios de la transición democrática española, tenemos abundantes ejemplos de líderes vecinales que acabaron haciendo el salto -exitoso- a la política. Pero sí decimos que cada contexto -sobre todo hoy- requiere ritmos de actuación diferentes, formas específicas de liderar, de crear equipos y de gestionar expectativas. Y que no siempre son plenamente coincidentes. No aceptarlo ni asumirlo puede llevar a generar más problemas de los muchos que por sí mismos ya existen.

[Artículo publicado con Àngel Castiñeira en ElpuntAvui el 11.6]

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