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Josep M. Lozano

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Persona, Empresa y Sociedad
El blog de Josep M. Lozano  
   
may 26

Written by: Josep M. Lozano
26/05/2015 16:17 

Las ciudades de las sociedades democráticas avanzadas realizan hoy un conjunto importante de funciones. Son funciones de naturaleza económica, social, política, territorial, cultural y de prestación de servicios. Últimamente, ante la creciente sensibilidad climática, también han incorporado funciones medioambientales. La cuestión que desde hace unos años uno se plantea es si las ciudades también deberían incorporar explícitamente una función educadora.

En general, en el mundo de la educación, decimos que los agentes son los educadores. Una "ciudad educativa" podría ser un campus universitario, es decir, un conjunto de instalaciones, recursos e inmuebles diseñados para favorecer la acción educativa. Por el contrario, hablamos de 'ciudades educadoras' (y no educativas) cuando creemos que algunas de ellas entienden que su actividad también tiene un impacto educativo hacia la ciudadanía.

Sería fácil decir o repetir que todas las ciudades, siempre, han educado. Pero, ante esta evidencia, habría que responder al menos dos cosas. La primera es que, efectivamente, las ciudades educan pero también deseducan, incorporan hábitos, estilos de vida, modos de convivir no siempre deseables. Y la segunda es que ahora estamos hablando de una elección consciente, plenamente asumida por los responsables institucionales y los principales agentes de socialización de la ciudad.

También es un tópico afirmar que las ciudades delegan la tarea educadora en los centros educativos y sus equipos de enseñantes, o que las ciudades cuentan ya con instituciones que trabajan las diversas dimensiones de la educación, etc. Pero hoy sabemos que educar es más amplio que enseñar: es un proceso activo y permanente de desarrollo integral de las personas y sus capacidades y que, por tanto, la educación no es sólo la escolarización. La educación pasa por la formación institucionalizada, pero también por el desarrollo, el trabajo, el comercio, el entretenimiento, el juego, el esparcimiento, la convivencia, la relación, la cooperación, la creación, la innovación, la participación, el asociación, el diálogo intergeneracional, la sensibilidad medioambiental, el contacto con la naturaleza, la inclusión, etc.

Dicho de otro modo, las ciudades no son (ni suplantan la tarea de) padres y madres, profesores, docentes, enseñantes, maestros o monitores de esparcimiento para que su tarea no es dedicarse formalmente o no a la enseñanza . Pero (los responsables de) las ciudades, si quieren, pueden ser también agentes educadores permanentes. Las ciudades tienen a su alcance incontables posibilidades o potencialidades educativas. Las ciudades pueden ofrecer una formación integral de la persona a lo largo de la vida.

Los responsables de las ciudades pueden favorecer la colaboración y cooperación entre muchas de estas instituciones educativas y lo pueden hacer de manera estratégica. No como una tarea complementaria sino como una tarea prioritaria y finalista. Toda decisión municipal de naturaleza política, social, cultural, económica o de servicios tiene también un impacto educativo y formativo. Se trata de tenerlo presente y aprovecharlo de forma pro-activa.

Invertir en educación es apostar por el capital humano. Invertir en educación es favorecer condiciones de más igualdad y sin exclusión. Invertir en educación es contribuir a crear una sociedad creativa y del conocimiento. Mirando a futuro, osaríamos decir que la educación no será tan sólo una función o responsabilidad más de un proyecto de ciudad sino que, en un sentido completo, la educación se convertirá en el verdadero nuevo proyecto de ciudad.

[Artículo publicado con Àngel Castiñeira el 14.05]

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