Español (España)Català (Català)English (United States)
  Cerca
Suscríbete al blog

Suscríbete al blog Persona, Empresa y Sociedad y recibe las novedades en tu lector RSS o en tu correo electrónico

Suscríbete por RSS
Suscríbete por email

Novetats
Minimitza
Novetat editorial: El poliedre del lideratge
 
Àngel Castiñeira; Josep M. Lozano

  Més informació...

Buscar
Minimitza

Josep M. Lozano

josepm.lozano@esade.edu
Tel: +34 932 806 162
Ext. 2270

Fax: +34 932 048 105
Av.Pedralbes, 60-62
E-08034 Barcelona


Twitter - Josep M. Lozano

 

Persona, Empresa y Sociedad
El blog de Josep M. Lozano  
   
dic 23

Escrit per: Josep M. Lozano
23/12/2014 11:28 

...en la escultura. Esto es lo que dijo André Gide ante Mediterrània de Maillol: "Maillol acaba de introducir el silencio en la escultura". Me atrevería a decir que una mirada apaciguada, cuidadosa, progresivamente serena de su obra desvela, efectivamente, la verdad de la afirmación de Gide: Maillol introduce el silencio en la escultura hasta el punto de que la contemplación de sus obras hace emerger lentamente, progresivamente, un silencio interior que es el eco de lo que el escultor nos ha mostrado.

 Maillol: Mediterránea .Mompou ya nos regaló la posibilidad de captar, concebir y pensar una Música Callada. Misterio del espíritu y espíritu del misterio. Lo sutil que, simplemente, sucede, está aquí. Maillol, en cambio, muestra el silencio presente en la pesadez y la densidad de la materia. Maillol transforma la materia sin que deje de ser materia; el tacto nos evoca la consistencia insoslayable de su realidad y, al mismo tiempo, la pátina tornasolada y cálida nos recuerda que el tiempo es, como dijo Yourcernar, el gran escultor. Nuestro escultor; lo que va dando forma a nuestras vidas.
 
Alguien ha dicho que una escultura es aquello con lo que nos topamos en un museo cuando retrocedemos para ver mejor un cuadro. Quizá preferimos la pintura a la escultura porque con la pintura podemos tener la fantasía de que la abarcamos y dominamos con la mirada. La escultura siempre se nos escapa, y nos devuelve a la humildad de saber que no somos señores de la realidad y de la vida, que siempre se escapa a nuestra voluntad de dominio y control. Y, sin embargo, lo que cautiva de las esculturas de Maillol es la ligereza que las habita. Se diría que el hecho de que estén depositadas sobre una superficie es una confusión visual. Sólo lo parece, porque se sostienen sobre sí mismas. No son figuras aladas, pero parece que las podrías tomar sin esfuerzo, incluso las de mayor volumen.
 
Quizás nos resulta tan cercano porque nos envía un mensaje cifrado sobre nuestras vidas. Cuando Gide dice que ha introducido el silencio en la escultura lo señala con exactitud. No se trata de retirarse al silencio para poder esculpir mejor. Se trata introducir el silencio en la densidad, la materialidad, a menudo la pesadez de nuestra vida. No nos invita, simplemente buscar lugares apartados donde nos acercamos al silencio exterior (silencio, por cierto, que no tardaremos en considerar un producto de lujo). No se trata de ir a cargar las pilas, porque no hay pilas que cargar. Se trata de introducir el silencio en lo que la vida esculpiendo en nosotros, va haciendo de nosotros, va haciendo con nosotros. No sólo el tiempo es un gran escultor. Me atrevería a decir que también lo es el silencio. Incluso que por encima de todo lo es el silencio.
 
Las esculturas de Maillol suscitan un recogimiento meditativo. Pero no suscitan pasividad. Ser receptivo no es ser pasivo. Ser receptivo no es dar las cosas por hechas, terminadas, inamovibles, como si sólo se tratara de hacerlas nuestras. De hecho, el grueso de su obra se aleja de toda pretensión de copiar o repetir. Siempre acompañado de sus cuadernos, permanece atento a todo lo que le rodea. Porque su obra no responde a la mera voluntad de copiar o reproducir la realidad; no hay sometimiento a o dependencia de lo que ya existe. Es la búsqueda de la belleza, la armonía, la pureza de la forma. La pureza, sin embargo, no entendida como perfección sino como depuración, como simplificación que capta lo esencial. La total presencia de lo esencial en el momento presente, en cualquier instante, presencia captada por la mirada atenta. Lo dijo el mismo Maillol: "Me sirvo de la forma para llegar a lo que no tiene forma. Tiendo a expresar lo que no es palpable, lo que no se puede tocar". Y este "lo" sólo es accesible en lo que es más tangible, tocable y palpable: una escultura. Porque no se hace presente fuera de lo tangible, tocable y palpable.
 
maillol_nit.jpgContemplad La bugadera, Noia agenollada, Dona amb colom, Noia asseguda pentinant-se o La Nit. Me atrevería a decir que sobre todo La Nit. Una escultura donde se condensa, con un respeto y delicadeza infinitos, todo el sufrimiento que ha atenazado a la humanidad desde las propias entrañas. En esto, si se me permite la heterodoxia al hacer esta comparación, Maillol recuerda a Vermeer (que también pintó fundamentalmente figuras femeninas): ambos reflejan, recogen y acogen un instante fugaz, cotidiano, cogido al azar; que parece que podría ser éste o cualquier otro, pero que pasado por sus manos transparenta la plenitud esencial. Porque todos los instantes la pueden transparentar, si los sabemos ver y vivir. Jean Clair dijo de sus estatuas que son una unidad propia de un organismo que sube hacia la luz. La verdad es que ahora no sé si esto es la descripción de una estatua o del ser humano.
 
Si el tiempo es el gran escultor de nuestras vidas, necesitamos introducir el silencio en la escultura, es decir, en el tiempo. Es posible trans-formar nuestra realidad, sin renunciar a su materialidad, pero sin creer que la consistencia, la densidad y la pesadez presentes en ella son incompatibles con el silencio, la paz, la serenidad y el recogimiento. Y con un profundo, exquisito, radical respeto por la humanidad. En este punto, Maillol nos es especialmente cercano en su opción de centrar muchas de sus obras en el torso. Sin brazos, sin cabeza ni brazos... la plenitud en el fragmento, no en la totalidad. La obra puede estar plenamente, totalmente terminada, y la figura final ser incompleta, por lo menos a los ojos del observador distanciado, descriptivo y analítico. Porque es importante, crucial, saber ver que la plenitud vivida y transparentada no requiere ni exige una figura humana sin carencias. Nunca seremos conscientes de lo tóxica que es la idea de perfección. Se puede materializar y crear la belleza de la vida no a pesar de las carencias, sino en ellas y con ellas. Josep Pla dijo de Maillol lo que debería poderse decir de cada uno de nosotros: "en un momento determinado llegó a convertir la realidad en belleza". Frente a quienes siguen pensando y viviendo desde el dualismo espíritu-materia, Maillol muestra el espíritu en la materia, muestra que el espíritu es materia y la materia espíritu. Que su última obra -inacabada- llevara justamente por nombre Harmonia nos devuelve, en este punto, a nuestra medida: la armonía es un deseo íntimo perpetuamente dinámico y sin conclusión posible.
 
Tres apuntes finales de su biografía, que me parecen imprescindibles cuando se manosean en exceso palabras como silencio, armonía o plenitud. Comenzó a dedicarse totalmente a la escultura tarde, hacia los 40 años, cuando una enfermedad de la vista le impidió poder continuar en oficios en los que había despuntado notablemente, especialmente en la tapicería. Tardó en encontrar lo que debía hacer en la vida. Hasta los 40-45 años vivió en la adversidad y el anonimato. No encontraba no sólo su lugar en el mundo, sino su hacer en el mundo (si es que hay diferencia entre ambos). Con crisis personales tan densas como la materia con la que trabajaba. Contra cierta palabrería sobre la educación, tan abundante entre nosotros, Maillol experimentó lo difícil que es aprender cuando la vida no te regala la relación con un maestro digno de tal nombre. Ya lo dijo uno de sus condiscípulos: "cada vez que hago algo mal, lo atribuyo a lo que he aprendido". Una frase que no deberían olvidar muchos responsables de supuestas reformas educativas.
 
Además, con varios compañeros creó el Saló dels Artistes Rossellonesos, rehuyendo el centralismo parisino, para acercar sus obras al público de la Catalunya Norte. Y ayudó a huir de Francia a personas perseguidas por los diversos fascismos, hasta el punto de que la primera organización de guías y pasadores de la frontera franco-española recibió el nombre de "red Maillol" (como intentó reflejar pálidamente F. Trueba en El artista y la modelo). Y es que las vicisitudes y las incertidumbres vitales, el compromiso con el entorno que te ha visto nacer y el apoyo a las víctimas que huyen de cualquier tipo de barbarie no se oponen a palabras como silencio, armonía y plenitud, sino que forman parte de ellas.
 
Joan Vinyoli dejó dicho algo que no deberíamos olvidar:
 
En veritat us dic
que no es fa res en veritat sinó
per la paraula creadora de silenci.
 
La escultura de Maillol nos lo complementa: no se dice nada en verdad sino por la acción creadora de silencio. Rodin lo captó perfectamente: “Ce qu’il y a d’admirable en Maillol, ce qu’il y a, pourrais-je dire, d’éternel, c’est la pureté, la clarté, la limpidité de son métier et de sa pensée”. Ambos -métier y pensée- inseparables, y no disociados y escindidos; todo lo que hay en el uno está en el otro. En Maillol y en todos nosotros, al menos como posibilidad y como llamada.

Maillol introdujo el silencio en la escultura. Y al hacerlo nos acompañó en el camino de introducirlo en el tiempo de nuestras vidas. Porque el tiempo es nuestro gran escultor.

Tags:
  | Copyright 2008 by Josep M. Lozano Web design by Magik@ment