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Josep M. Lozano

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Persona, Empresa y Sociedad
El blog de Josep M. Lozano  
   
jul 7

Written by: Josep M. Lozano
07/07/2014 18:00 

Suelo insistir en que la RSE no se reduce a ideas y estrategias. Ni a metodologías y modelos de gestión. Qué sea la RSE requiere que la planteemos teniendo en cuenta el tamaño, el sector y el contexto de la empresa. Hasta aquí ninguna novedad. Pero, tras volver de un encuentro internacional, sigo pensando que persistimos en el error de creer que la RSE es una idea –supongamos- brillante que solo espera ser aplicada de manera adecuada. Y que, por tanto, los contextos nacionales y sociales no son más que la pista de aterrizaje de algo que ya está predefinido. No es la primera vez que insisto en que uno de los errores más monumentales en el desarrollo de la RSE es creer que ésta se confina en Europa y Estados Unidos, que las ideas están ahí, y el resto del mundo, a aplicarlas. Por eso quisiera insistir en un aspecto específico, que a menudo se olvida. Escuchar las distintas voces de la RSE es una oportunidad de aprendizaje, especialmente para las empresas globales y las escuelas de negocios. Porque no se trata solo de aclarar qué se piensa y cómo se piensa, sino también desde dónde se piensa. Entre otras cosas porque hay gente que confunde ser universal con tener un discurso tan generalista con el que es imposible no estar de acuerdo… aunque a veces, a la vez, también es imposible saber de qué está hablando.

Si no se considera lo que voy a decir una provocación, creo que en esta cuestión se da una cierta analogía con la aparición, en su momento de la teología política (en Europa) y la teología de la liberación (en América Latina). Ambas daban respuesta al reto de elaborar un discurso teológico que fuera relevante socialmente y que hablara de Dios desde el sufrimiento de las víctimas. Pero esta respuesta tenía modulaciones distintas desde Europa y desde América Latina. El reto era (¿es?) apasionante, porque un reto compartido es un diálogo de miradas sobre la realidad y desde la realidad, no una confrontación de doctrinas. Pues la analogía teológica creo que puede valer para la RSE. Por ejemplo: que el reto de la RSE pueda tener rasgos fundamentales comunes no significa que el discurso y los planteamientos originados en Europa deban ser traspasados a América Latina, como si allí no hubiera voces, iniciativas y experiencias diferenciadas, que se sostienen por si mismas.
 
No es el lugar ni el momento de entrar en el debate teológico (pese a que a veces algunas discusiones sobre la RSE superan a la mala teología), pero sí de plantear el supuesto de fondo que late en todas estas cuestiones: la RSE es siempre contextual, y si deja de serlo, deja de ser RSE. Esto tiene consecuencias muy concretas: en términos corporativos, la RSE no debe plantearse exclusivamente desde la perspectiva de los cuarteles generales de las empresas transnacionales, y desde los problemas y los movimientos sociales existentes en las sociedades donde están instalados. Ahora no me estoy refiriendo a la tópica acusación de que para algunas empresas la RSE es una operación cosmética o de relaciones públicas. A esto ya damos por supuesto que no hay que prestarle más atención que la que exige hacer un inventario. Estamos hablando de otra cosa.
 
Algunas empresas ya tienen claro que la RSE es una cuestión estratégica, de política de empresa. Y, consiguientemente, diseñan políticas corporativas al respecto. Cuando una empresa hace esto, suele pedírsele que sea coherente. Pero yo creo que la coherencia, en este caso, supone –paradójicamente- no actuar en todas partes de la misma manera (hasta cierto punto, claro está) o, mejor dicho, no hacer lo mismo en todas partes. Se trata de evitar la tentación de generalizar políticas de RSE que sólo son adecuadas y significativas en los contextos sociales y culturales donde están ubicadas las sedes centrales corporativas. Y esto no es fácil plantearlo, porque es muy tentador diseñar las políticas de RSE en función de los stakeholders de la matriz. Se trata de atender a y comprender el contexto en el que se actúa, y de dialogar con los actores relevantes de ese contexto. Una perspectiva global de RSE será innovadora si es capaz, precisamente, de adecuarse a las diversas realidades locales. No se trata de exportar RSE, sino de crear RSE. En este sentido, cabe señalar que la respuesta a la típica pregunta qué es la RSE no es una definición, sino una interpretación. Una interpretación razonada y razonable, claro está. Pero una interpretación contextualizada. Y, por lo mismo, que la RSE debe ser un discurso más global significa que deben oírse todas las voces, con entidad propia, y no solo como delegación o eco de lo que se ha pensado y planteado desde otros contextos
 
Responsabilidad. Social. Empresa. Estas palabras aluden a tres realidades que no tienen ningún significado abstraídas de su contexto. Por eso es tan importante que cada contexto genere sus propias voces, y que éstas sean reconocidas.

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