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Josep M. Lozano

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Persona, Empresa y Sociedad
El blog de Josep M. Lozano  
   
feb 13

Written by: Josep M. Lozano
13/02/2012 20:20 

Si hay un tema recurrente en los debates sobre la RSE es el de preguntar por su rentabilidad. Claro que sin saber en qué está pensando y qué idea de RSE se tiene en la cabeza, esta pregunta es imposible de contestar. No tiene nada que ver, por ejemplo, si el que pregunta considera que la RSE habla de cómo gastas el dinero que ganas o si considera que habla de cómo ganas el dinero.

No obstante, esta pregunta requiere una previa, porque si no es totalmente tramposa: ¿eso se lo pedimos sólo a la RSE o a todos? ¿Porque si estamos hablando de gestión, se supone que el preguntador, por una mínima coherencia, pregunta sobre la rentabilidad de la RSE porque está preguntando sobre la rentabilidad de todo en la empresa. O sea que antes -o después- también preguntará, por ejemplo, por la rentabilidad del departamento de relaciones públicas, los servicios jurídicos, la auditoría, el mismo consejo de dirección y/o el consejero delegado (sobre los que nadie suele preguntar si son rentables, quizá porque son los únicos que tienen derecho a hacer la pregunta o porque quizás mejor no saber la respuesta). Si lo hiciéramos así tendríamos más claro, cuando se le pide a la RSE si es rentable, si de hecho se le pregunta si es directamente rentable o si contribuye a la rentabilidad (y cómo); y sabríamos qué idea de rentabilidad tiene el preguntón y qué criterios de medida. En cualquier caso: o jugamos todos o rompemos la baraja. O preguntamos por la rentabilidad de todos, o por la de nadie.

Y aún requiere otra cuestión previa: preguntarse también por el coste de la irresponsabilidad. Es curioso como siempre magnificamos los costes de actuar de acuerdo con nuestros valores y minimizamos los costes de actuar en desacuerdo o en contra de nuestros valores. Convendría pensarlo dos veces, ¿verdad? Porque estas alturas quizás podemos decir que no sabemos bien qué rentabilidad y qué costes genera la RSE. Pero sobre los costes empresariales y sociales de la irresponsabilidad corporativa, me parece que no es precisamente que nos falten datos y evidencia empírica. Más bien al contrario.

Pero vaya, para que no parecezca que quiero escurrir el bulto, al menos tres consideraciones a la hora de contestar a la pregunta de marras.

La primera, supongamos -lo que a menudo es mucho suponer- que tenemos una estrategia de RSE. La primera pregunta es, justamente, esta: si tenemos una estrategia de RSE, o si tenemos a la RSE integrada en la estrategia. En este segundo caso (que es la única opción que, personalmente, considero pertinente), parecería que problema resuelto: cuando estuviéramos valorando la estrategia en todas sus dimensiones estaríamos evaluando también a la RSE. En el primer caso, nos quedan dos opciones: si estamos ante una estrategia de RSE paralela a la estrategia corporativa y que esperamos que vaya en la misma dirección que ésta; o si estamos ante una estrategia de RSE correctora de los posibles riesgos que genera la estrategia corporativa. En ambas opciones, dado que se trata de un enfoque instrumental, pues se trata de saber si sirven para lo que se quieren utilizar, y aquí paz y después gloria.

La segunda, distinguir entre agenda y propósito, a la hora de evaluar la RSE. La RSE tiene una agenda diversa y plural de temas, que no se puede imponer normativamente en muchos casos, sino que depende de la cultura de empresa, del sector donde opera y de las circunstancias en las que se encuentra. En este caso, hablamos de desagregar los componentes posibles de la RSE: políticas de conciliación, laborales, ambientales, de relación con proveedores ... Políticas concretas, vaya. Pues se trata de evaluarlas como tales. Otra cosa bien distinta es cuando hablamos del propósito: ¿cuál es la razón de ser de la empresa concreta y cuál es la contribución que hace a través de su actividad. En el supuesto de que esto la empresa lo tenga claro, en este caso se trata de valorar si realmente está operando, en un período determinado de tiempo, de manera mínimamente coherente con su razón de ser y si está logrando su propósito. Al respecto deberá establecer mecanismos de seguimiento y supervisión, porque me parece que lo que no podrá es cuantificar una respuesta clara y distinta.

Finalmente, y relacionado con lo anterior, la rentabilidad de la RSE, dependerá de cómo la empresa la vincule a la relación con los stakeholders. No se planteará la cuestión de la misma manera quien considere que la RSE se reduce a la relación con unos determinados stakeholders concretos (los "sociales"); que quien considere que es un componente más (el "social") de la relación con cada stakeholder; que quien considere que la RSE responde a cómo se enfoca la relación con todos y cada uno de los stakeholders; que quien se plantee la RSE como la contribución que la empresa hace -a través de su actividad empresarial- al logro de unos objetivos de la sociedad, que comparte con otros stakeholders. En cada caso, siguiendo Campoamor, veremos a la RSE coloreada con diferentes colores, porque habrá cambiado el color del cristal con el que habremos mirado la realidad empresarial... y las exigencias de valoración que le dirigiremos, claro.

Releo lo que he escrito y me estremezco: me he vuelto a meter en un lío. Porque me temo que en el fondo lo que he dicho es que la pregunta por la rentabilidad de la RSE no se puede contestar sin que quien pregunta y quien responde tengan mínimamente claro qué entienden por RSE, y sin que estén claros cuáles son los valores de la empresa de la que se habla. Y me parece que lo que ahora se lleva es decir que de estas cosas ya no toca hablar...

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