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Josep M. Lozano

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Persona, Empresa y Sociedad
El blog de Josep M. Lozano  
   
dic 27

Written by: Josep M. Lozano
27/12/2011 18:51 

Si algo caracteriza el camino que se ha seguido en los últimos años es que cuanto más se ha ido hablando de RSE menos se ha hablado de ética empresarial. Desde finales del siglo pasado al crecimiento de la RSE le ha correspondido un declive de la ética empresarial.

Hay que reconocer que el enfoque RSE resulta mucho más cercano a la lógica managerial, y probablemente es lo que está en el origen de su éxito. Su punto de partida parece a primera vista mucho más concreto y objetivable, Tanto de cara a la gestión empresarial como de cara a debatir casos en el aula. Se trata, en definitiva, de atender al impacto y/o a las consecuencias sociales y ambientales de las actuaciones empresariales. Una pregunta de la que ninguna empresa se puede escapar, puesto que si algo hacen las empresas es actuar, y si algo tienen las acciones es consecuencias. El punto de partida es tan incontrovertible, que las discusiones se han situado en el alcance y la legitimidad de las exigencias de responsabilidad, pero no en el hecho de la responsabilidad como tal. Frente a ello, la ética empresarial parece responder inevitablemente un enfoque normativo-deductivo. De hecho, se habla sintomáticamente de éticas "aplicadas", cuyo supuesto parece ser la preexistencia de un discurso axiológico normativo previo a la realidad a la que quiere aplicarse, y que debería someterse a él. Algo que, fin de cuentas, hace aparecer a la ética como algo ajeno y añadido a la dinámica empresarial. Sin embargo, quizás ya ha llegado la hora de preguntarse qué hemos perdido con la práctica desaparición de cualquier referencia a la ética empresarial y su sustitución por términos como RSE, empresa y sociedad, valores o liderazgo. Porque me temo que en este hecho se juegan cuestiones mucho más sustantivas de lo que estamos dispuestos a reconocer.

Por otra parte hay que aceptar también que la RSE ha lidiado mal con la cuestión de los valores, y siempre ha parecido partir del supuesto de que la responsabilidad (stakeholders mediante) era algo evidente por sí misma, sin atendar excesivamente a los marcos axiológicos, a los condicionantes sociológicos ya los propósitos y motivaciones que son los que permiten, al fin y al cabo, calificar a una actuación como un ejercicio de (i)responsabilidad. Y, además, la RSE ha estado sometida a un conflicto interminable de interpretaciones. Entre otras razones porque arrastra una imprecisión terminológica, debida a la diversidad de usos que la palabra "social" permite cubrir. Lo que ha conllevado que bajo la etiqueta RSE se hayan propuesto sin ningún rubor discursos y prácticas contradictorios entre sí. Y tarde o temprano se pondrá de manifiesto que la diversidad de aproximaciones requiere la construcción de un marco de referencia que permita, si no dirimir, al menos razonar sobre ellas. Entre otras razones porque la RSE no es un discurso autosuficiente, que se pueda sostener sobre sí mismo. La RSE tiene como marca de fábrica un déficit de clarificación axiológica, y una de sus mayores aportaciones (poner el foco en la organización considerada en sí misma, y no de manera subordinada a un discurso ideológico o a la moral personal) algún día debará conectarse con una de sus mayores limitaciones (la ausencia de un modelo antropológico y de un modelo de sociedad sobre los que apoyarse y articularse).

Curiosamente, sin embargo, en los últimos años el discurso sobre la responsabilidad ha vuelto a abordar cuestiones de carácter más personal cuando se ha caído en la cuenta de que no es posible tener empresas responsables sin personas que lo sean. Este abordaje se ha producido mediante la conexión entre liderazgo y responsabilidad: liderazgo responsable. Por cierto: la invasión abrumadora del "liderazgo" como clave de bóveda o adjetivo de todo tipo de propuestas en las escuelas de negocios sería digna de un estudio específico. Sólo analizar cómo y por qué la palabra "liderazgo" ha pasado ha tener un lugar preponderante no sólo en las misiones de las escuelas de negocios sino incluso en sus eslogans nos ayudaría a entender un poco más la época en la que estamos viviendo: una época en la que probablemente compensamos las incertidumbres que nos abruman con una demanda de liderazgo, en el fondo a la espera insensata y casi mesiánica de los líderes que nos sacarán de los callejones sin salida en los que nos encontramos.

Entre la diversidad de aproximaciones al liderazgo (sólo comparable en su diversidad quizás a la de la RSE) el liderazgo responsable emerge ante el progresivo reconocimiento de que para comprender al liderazgo deberíamos ir más allá de la mera descripción, y centrar el enfoque en la calificación . También -en el límite- desde una clave de lectura ética. El liderazgo responsable parte del supuesto de que no cualquier tipo de liderazgo es deseable, y para definir este tipo de liderazgo apela a parámetros eminentemente cualitativos, en el marco de un enfoque relacional. Así, el líder debe cuidar de los valores compartidos en las Comunidades en las que actúa, servir a los demas y ofrecer inspiración y perspectiva sobre el futuro deseado. Para ello debe devenir arquitecto de estructuras y procesos, agente de cambio transformador, dar apoyo a sus seguidores y crear sentido y significación. Con independencia de si es posible concentrar en una persona este ramillete de virtudes y capacidades, parece obvio que un perfil tan orientado a lo cualitativo tarde o temprano deberá preguntarse en qué consiste la calidad humana última del sujeto sobre la que pueder sostenerse todas estas cualidades. Parecería, pues, que el siguiente paso a dar sería un enfoque que pusiera el acento en la persona como tal, en la calidad de su arraigo en sus valores fundamentales, en la calidad de la conexión con sus más íntimas aspiraciones y en la calidad de sus compromisos con horizontes que vayan más allá de su propias gratificaciones.

Por lo que yo sé, estos temas siempre se han consideración própios de la ética...

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