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Novedad editorial: El poliedro del liderazgo
 
 



Àngel Castiñeira; Josep M. Lozano

 

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Josep M. Lozano

josepm.lozano@esade.edu
Tel: +34 932 806 162
Ext. 2270

Fax: +34 932 048 105
Av.Pedralbes, 60-62
E-08034 Barcelona


Twitter - Josep M. Lozano

 

Persona, Empresa y Sociedad
El blog de Josep M. Lozano  
   
Autor: Josep M. Lozano Creado: 16/10/2008 11:45
Persona, Empresa y Sociedad - el blog de Josep Maria Lozano

La Universidad Ramon Llull y Cáritas Diocesana de Barcelona han celebrado una jornada de estudio sobre la fractura social para profundizar sobre las causas, las consecuencias y la evolución de este fenómeno. La expresión "fractura social" se refiere a la distancia que separa un determinado grupo de población socialmente integrado de otro grupo formado por los excluidos. Según los datos del último informe FOESSA sobre exclusión y desarrollo social, el Estado español ha pasado de tener, entre el año 2007 a la actualidad, un 50% de su población en situación de integración plena a tener sólo un 34%. Las personas plenamente integradas cuentan habitualmente con un abanico amplio y diverso de recursos económicos, sociales, laborales, culturales y personales que les aportan una importante seguridad existencial. La población que sufre las consecuencias de la fractura social experimenta, por el contrario, una profunda sensación de fragilidad vital y aislamiento. No hace falta ser un excluido, un pobre de solemnidad o un marginado; y no hay que haber perdido el piso o el trabajo para compartir esta condición. Se trata, más bien, de una conciencia cada vez más extendida de vivir en precario, de no saber por cuánto tiempo mantendremos el trabajo, por cuánto tiempo podremos seguir pagando la hipoteca, por si podremos llegar a fin de mes o como reaccionaremos -sin ahorros- en caso de que tengamos que hacer frente a una circunstancia adversa o una enfermedad grave. Como decía Mercè Darnell, las sociedades fracturadas esconden vidas fracturadas. Y como nos recordaba Nana Barceló, una sociedad fracturada es también aquella que no quiere o no sabe ver los dramas personales de sus ciudadanos.

El...
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Hace unos años, el ministerio de educación de Quebec publicó un documento de trabajo en el que se planteaba la creación de un servicio escolar de animación espiritual y compromiso comunitario. Un servicio a desarrollar en la escuela con los correspondientes recursos educativos, y ofrecido a todos los alumnos.

La pretensión que anima el documento está recogida claramente en el título: “Pour approfondir sa vie intérieure et changer le monde”. Insisto en que se concibe como un servicio escolar, teniendo en cuenta lo que debe caracterizar a la escuela y en coherencia con ello. ¿Cuáles serían sus objetivos? Básicamente favorecer en los alumnos el desarrollo de una vida espiritual autónoma y responsable, y favorecer su contribución a la edificación de una sociedad solidaria. Se trata, por una parte, de potenciar la construcción personal de un sentido de la vida, arraigado en una experiencia interior. Y, por otra, de iniciar procesos que estén orientados por una voluntad de contribuir a la vida colectiva. Lo relevante es, entre otras cosas, que este planteamiento parte del supuesto de que se da una profunda interrelación entre estas dos dimensiones. La visión de la existencia que elabora un individuo motiva y orienta su contribución a la vida social y, correlativamente, su compromiso en la sociedad nutre y transforma su vida espiritual.

 

Este servicio se concibe como no confesional (aunque, evidentemente, no al margen o contra las tradiciones religiosas). En este sentido se sitúa más allá de nuestro conocido, y a veces aburrido, debate entre confesionalidad y laicidad. Pero este situarse más allá no afecta solo a los contenidos, sino también al enfoque....
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Según han informado algunos periódicos, Sandro Rosell abrirá un centro de meditación en Àger. Será un resort de lujo con una oferta gastronómica de élite. No habrá internet ni televisión. La iniciativa, que puede sorprender entre nosotros, no es única, ni mucho menos. En todo el mundo hay sandros rosell que han visto en este tipo de iniciativas una buena oportunidad de negocio.

Y lo han visto bien. En una época como la nuestra, que combina aceleración, fragmentación y dispersión, cada vez hay más gente que siente la necesidad de detenerse y desconectar. Como se suele decir, en una afirmación que en sí misma ya es una declaración de intenciones y de confusiones: cargar las pilas. Se ha dicho que cada vez más el lujo no consistirá en objetos sino en experiencias y condiciones de vida inasequibles a la mayoría: el silencio, un ambiente no contaminado, relax ... Nada que decir. Cada uno se busca la vida como quiere y puede.

 

Pero hay un punto que nos llama la atención hasta la irritación: ¿qué hace aquí la referencia a la meditación? La chapucería sometida a lo que está de moda tiene que poner sus viscosas manos sobre todo? Si Machado anunció que "todo necio confunde valor y precio" podríamos decir que los sandros rosell de todo el mundo representan la apoteosis de la necedad. En esta época en que parece que la corrupción ha pasado a formar parte del paisaje, convendría recordar que la corrupción no consiste sólo en poner la mano en el cajón. Corrupción es también instrumentalizar una práctica al servicio de fines que le son ajenas. Corrupción es hacer mal o malgastar de manera deliberada y consciente una actividad. Corrupción es confundir a la gente, hacer pasar gato por liebre y tergiversar sus anhelos...
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...en la escultura. Esto es lo que dijo André Gide ante Mediterrània de Maillol: "Maillol acaba de introducir el silencio en la escultura". Me atrevería a decir que una mirada apaciguada, cuidadosa, progresivamente serena de su obra desvela, efectivamente, la verdad de la afirmación de Gide: Maillol introduce el silencio en la escultura hasta el punto de que la contemplación de sus obras hace emerger lentamente, progresivamente, un silencio interior que es el eco de lo que el escultor nos ha mostrado.

 Maillol: Mediterránea .Mompou ya nos regaló la posibilidad de captar, concebir y pensar una Música Callada. Misterio del espíritu y espíritu del misterio. Lo sutil que, simplemente, sucede, está aquí. Maillol, en cambio, muestra el silencio presente en la pesadez y la densidad de la materia. Maillol transforma la materia sin que deje de ser materia; el tacto nos evoca la consistencia insoslayable de su realidad y, al mismo tiempo, la pátina tornasolada y cálida nos recuerda que el tiempo es, como dijo Yourcernar, el gran escultor. Nuestro escultor; lo que va dando forma a nuestras vidas.

 

Alguien ha dicho que una escultura es aquello con lo que nos topamos en un museo cuando retrocedemos para ver mejor un cuadro. Quizá preferimos la pintura a la escultura porque con la pintura podemos tener la fantasía de que la abarcamos y dominamos con la mirada. La escultura siempre se nos escapa, y nos devuelve a la humildad de saber que no somos señores de la realidad y de la vida, que siempre se escapa a nuestra voluntad de dominio y control. Y, sin embargo, lo que cautiva de las esculturas de Maillol es la ligereza que las habita. Se diría que el hecho de que estén depositadas sobre una superficie es una confusión visual. Sólo lo parece, porque se sostienen sobre sí mismas. No son figuras aladas, pero parece que las podrías tomar sin esfuerzo, incluso las de mayor volumen.

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En el año 2014 se cumplen 20 años de la creación de la Asociación Internacional de Ciudades Educadoras (AICE). Durante este periodo esta asociación se ha consolidado y crecido hasta reunir un gran número de ciudades representativas de todos los continentes. A mediados de noviembre, se ha celebrado en Barcelona su nuevo congreso bajo el lema "Una ciudad educadora es una ciudad que incluye".

En la actualidad, más de la mitad de la población mundial reside en entornos urbanos y la previsión es que esta tendencia siga al alza. Las ciudades son el escenario donde se manifiestan de forma más severa las diversas crisis que afronta el mundo actual; crisis cuyos efectos acentúan las situaciones de discriminación y exclusión.

 

La expresión general de la exclusión adopta hoy diversas formas en unos u otros países del mundo: desde urbanismos segregadores, hasta carencias y desigualdades en la oferta educativa o el abandono de muchas personas a un desempleo crónico, una vivienda precaria o inexistente, una grave carencia de asistencia sanitaria y social o el rechazo y la marginación cultural. La exclusión, por lo tanto, tiene múltiples dimensiones: social, económica, política, cultural, relacional, digital, generacional y de género, y se expresa de formas diversas: pobreza, desempleo o precariedad laboral, debilitamiento de las relaciones comunitarias y fractura del vínculo social, segregación espacial de la población, carencia de vivienda o precariedad de la misma, inadecuación de los espacios y los servicios públicos respecto de las personas con discapacidad o movilidad reducida, falta de acceso al transporte público, deficiente dotación de servicios públicos de calidad, ausencia de políticas de igualdad de oportunidades, etc.

 

En nuestras ciudades,...
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A veces cuando se habla de RSE o de sostenibilidad se habla como si fuera el resultado de un análisis de tendencias. Esto es cierto. Pero al mismo tiempo es miope. Tremendamente miope. Porque ignora que estas tendencias no son un elemento más a añadir a la empresa, sino la expresión de un cambio sustancial. Un cambio sustancial como tantos ha habido a lo largo de la historia de la cultura empresarial, que en su momento parecían novedades curiosas y ahora las consideramos irrenunciables: marketing, calidad, etc.

 

Y este cambio sustancial es más que una tendencia y mucho más que una moda porque es el resultado de cambios irreversibles en nuestra sociedad. Una sociedad en la que su aceleración, su complejidad y el número de variables que están en juego hacen que todo sea más incierto e impredecible. En un momento de turbulencias, el mayor peligro no son las turbulencias sino abordarlas con una mentalidad propia de una época ya superada. Lo que hace inevitable que las empresas tengan que decidir cómo quieren situarse en ella. Porque en un cambio de época lo que se espera de las empresas y de su contribución ya no son sólo sus productos y servicios, sino si en medio de tantas incertidumbres su actividad contribuye a resolver o aumentar los problemas sociales.

 

Los datos lo confirman año tras año: la sociedad ha perdido la confianza en las empresas. No son una institución de fiar. Que los políticos todavía estén peor no es más que un triste consuelo. Y, sintomáticamente, España es uno de los lugares del mundo en el que esta desconfianza es mayor. Las empresas son vistas como co-responsables de algunos de los problemas más grandes que tiene la sociedad y, al mismo tiempo, como una de las instituciones con mayor potencial para resolverlos. Pero la gente no se fía de ellas, especialmente de las grandes empresas, que se percibe que a su bola caiga quien...
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Un día, cuando este año que hemos vivido peligrosamente pase, organizaremos un encuentro para hablar sobre liderazgo y humanidades. Tenemos la sensación de que en los escritos actuales sobre la práctica del liderazgo abunda un modelo de informe elaborado por consultoras internacionales y foros mundiales que, tras anunciar los "cambios disruptivos" y las "tendencias profundas" que todos viviremos próximamente en este mundo 2.0, pretenden prescribir el nuevo paquete de competencias (multilingües, emocionales, post-heroicas, colaborativas, post-autoritarias, tecnológicas...) que los líderes del futuro asimilar inevitablement si no quieren quedar obsoletos en dos días. Este nuevo paquete de competencias, no hace falta decirlo, sólo es conocido y dominado por los responsables de la institución que ha redactado y divulgado estos informes. La buena noticia, según los mismos consultores, es que hay una vía mágica para acceder a este saber hermético, que consiste en inscribirse en un curso altamente exclusivo y organizado por la misma institución previo pago, claro, de una generosa matrícula.

Decíamos que, cuando este momento de furia y ruido pase, organizaremos un encuentro para hablar del liderazgo y las humanidades. No será un encuentro hermético ni exclusivo, como el de las consultoras internacionales, pero tal vez sí será disruptivo. Queremos plantear preguntas sencillas y comprensibles que aporten luz a este campo aún inexplorado en nuestro entorno y que afecta a nuestros altos directivos, los privados y los públicos. Pongamos algunos ejemplos de preguntas. Sr. Presidente, ¿cuál es la novel.la, el poemario, la película, el cuadro o la pieza musical -aparte de la lectura del Marca- que últimamente...
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¿Cuántos debates y proyectos hemos visto últimamente que se eternizan porque alguien dice que no se puede avanzar si no aclaramos antes qué entendemos por responsabilidad social de la empresa (RSE)? De hecho, se trata de una “pregunta bumerang”, es decir, de una cuestión que retorna intacta a quien la plantea. No podemos darle respuesta desde la neutralidad. Ninguna definición podrá sustituir a nuestras propias opciones y decisiones. Por eso, ya hace tiempo que muchos compartimos la sospecha de que hablar de RSE no siempre ayuda. Me pregunto si no deberíamos centrarnos en hablar de la empresa responsable.

Ciertamente, hablar deRSE es útil, necesario e inevitable. Pero también es fuente de malentendidos y de confusiones porque con frecuencia se percibe este concepto como algo importante, pero coyuntural; como un lujo sólo al alcance de una cuenta de resultados saneada; como la atención a un tipo de demandas que hay que cuidar por el riesgo reputacional que conllevan; o como un asunto especializado y propio de una área funcional que, a ser posible, no debe interferir ni molestar demasiado a las ya existentes. Aunque se insista en que no se trata de un añadido, tampoco nos ha de extrañar que siempre alguien pregunte qué aporta o a qué se refiere la palabra “social”.

 

Cada vez estoy más convencido de que deberíamos hablar más sustantivamente de empresa responsable. Y no perdernos en debates sobre los adjetivos, o sobre cuáles son los adjetivos pertinentes o aceptables. La única pregunta que tiene sentido, es la que se formula a propósito de la empresa responsable. De hecho, además, ni siquiera es una pregunta. La empresa sólo puede serlo si es responsable. Ahora bien, la cuestión es: ¿responsable ante quién?, ¿responsable de qué? Y también: ¿cómo se concreta esta responsabilidad?, ¿quién tiene derecho a exigirla? y ¿cómo se rinde cuenta de ella? En el...
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Lo importante son los puntos suspensivos: ¿qué hubiera añadido el lector? ¿Personal? ¿Familiar? ¿Privada? ¿Nada? Damos por supuesto que el enunciado –el que sea- es obvio, cuando es en el enunciado donde nos jugamos la respuesta.

A veces la vida privada del directivo parece estar falta de la más mínima inteligencia. Repito: inteligencia, aunque sea un pavo real que confunda las plumas con la cuenta de resultados. El tiburón empresarial acaba convirtiéndose al llegar a casa en un elefante que no da pie con bola. “Su brillantez en las relaciones laborales se transforma en torpeza en las personales, la seguridad en preocupación, los éxitos en frustración y sus increíbles dotes para comunicar los objetivos empresariales se convierten en una apabullante incapacidad para confrontar sus problemas personales", relata un experto. Lo expresaba perfectamente un chiste de El Roto: un directivo ostenta en su mesa de trabajo un rótulo que dice “traspaso alma por no poder atenderla”.

Estamos ante un momento especialmente indicado para realizar un análisis sosegado sobre el frecuente desencuentro entre éxitoy felicidad. El desbordamiento y las tensiones emocionales que genera el trabajo se proyectan también fuera del mismo, en el ámbito de la vida privada. Y esto no es un problema exclusivo de los directivos, sino que impregna toda una cultura del trabajo… algo que ignoramos bajo la presión actual de convertir los desajustes sociales en problemas personales. Y, encima, siempre nos acecha la oportunidad de convertirnos en carne de autoayuda, palabra horrible que retrata que ya hemos aceptado vivir en un entorno del que no podemos esperar otra ayuda que la de nosotros mismos.

Algunos bestsellers...
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Se ha convertido en un tópico de muchas análisis y debates una afirmación que, más o menos, dice así: "derecha e izquierda ya no se distinguen por sus propuestas económicas, sino sólo por sus propuestas morales". Algo que los hechos parecen confirmar: políticas económicas similares, propuestas diferentes en lo que atañe al origen y el final de la vida, su reproducción y su institucionalización.

Detengámonos un momento, que no me negaréis que la cosa tiene gracia. Con la varita mágica del lenguaje hemos liberado a la economía de las engorrosas preguntas éticas y las hemos desplazado a la biología. No es de extrañar, pues, que el "derecho a la vida" tenga sólo contenidos y debates biológicos, y no económicos y sociales. Contra lo que parecería evidente, la biología ha dejado de ser "natural", y ha pasado a serlo la economía. Por eso hace tiempo que sostengo que las noticias de economía, dado el lenguaje que utilizan, deberían ir a la sección de meteorología: ahora viene una depresión, ahora hay una sequía de crédito, ahora vienen buenas expectativas, ahora nos llega una congelación alemana... un lenguaje destinado a convertir los hechos económicos en acontecimientos cíclicos inevitables, donde la única cuestión es si uno está suficientemente adaptado o a cubierto, porque como realidad es inexorable. En resumen, he aquí donde hemos llegado: la pregunta sobre cómo queremos vivir y sobre cuál es el mejor modo de vivir sólo es pertinente en la biografía personal, no en la historia colectiva. Cuando yo era joven, a los moralistas que reducían su disciplina a la sexualidad los llamábamos "carcas". Ahora hemos avanzado hasta convertirlos en carcas postmodernos. Postmodernos, sí, pero todavía carcas. Lo que resulta fascinante es la contribución de ciertas izquierdas a este proceso, que nos permite avanzar retrocediendo.

 

El...
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