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Novedad editorial: El poliedro del liderazgo
 
 



Àngel Castiñeira; Josep M. Lozano

 

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Josep M. Lozano

josepm.lozano@esade.edu
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Ext. 2270

Fax: +34 932 048 105
Av.Pedralbes, 60-62
E-08034 Barcelona


Twitter - Josep M. Lozano

 

Persona, Empresa y Sociedad
El blog de Josep M. Lozano  
   
Autor: Josep M. Lozano Creado: 16/10/2008 11:45
Persona, Empresa y Sociedad - el blog de Josep Maria Lozano

[Nota previa para los lectores que no sigan la política catalana y/o española: hace pocos meses el Parlament de Catalunya votó –y aprobó- una ley por la que se prohiben las corridas de toros en Catalunya a partir de 2012. Para esta votación, algunos partidos dieron "libertad de voto" a sus parlamentarios]

Si fuéramos diputados en el Parlamento hay algo que nos hubiera dejado mal sabor de boca después de la famosa votación sobre la prohibición de las carreras de toros. Y ese algo no es ni el resultado final, ni la resonancia obtenida, ni el uso mediático que algunos hicieron de ella. Lo que resulta preocupante es el tipo de razones que se ventilaron con el fin de justificar el procedimiento de la votación.

En primer lugar, esta reveladora expresión que nos habla de la "libertad de voto". Libertad graciosamente y excepcionalmente concedida por quien tiene el poder de hacerlo. Es lamentable constatar explícitamente y sin ambages que la situación parlamentaria habitual es no tener libertad, esperamos que sólo sea de voto. De hecho, hace pocas semanas, cuando se produjo en Madrid una situación como ésta pero en sentido contrario (un diputado del PSOE votó diferente, y por lo tanto libremente, de la mayoría de su grupo parlamentario cuando no se le había concedido el permiso de hacerlo), el jefe de filas de su grupo parlamentario comentó, al sancionarlo, que la opinión era libre, pero la lealtad era obligada. Desdichadamente, no aclaró qué tipo de lealtad y hacia quién. Queda claro, pues, que los electores de un diputado no son las personas que lo votan, sino el secretario general del partido, el de organización y las eufemistamente denominadas "comisiones de listas", que son los que deciden el orden en las listas. Lealtad... y obediencia debida a quien decide cuándo puedes hacer uso de tu libertad. No estamos propugnando un funcionamiento caótico e imprevisible...
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Hace unas semanas tuvo lugar en San Petersburgo la conferencia anual de EABIS. El tema de este año era Corporate responsibility and emerging markets. Presenté una comunicación que llevaba por título What emerges when a market emerges? Lo que quería plantear y debatir era que, supuesto que el lenguaje modela nuestra acción y configura nuestro horizonte vital, la misma denominación de "mercado emergente" ya comporta una opción valorativa de primer orden, que nos ilumina -y prioriza- algunos aspectos de la realidad y nos hace ciegos para captar a otros.

En concreto, lo que quería subrayar era que la misma denominación de mercado emergente dejaba en la oscuridad y fuera de nuestra atención a la sociedad en la que el mercado emergía. Incluso podría suceder que, en un contexto determinado, el mercado emergiera, pero que la sociedad (o determinados sectores de ella) se hundieran, algo que resulta irrelevante si nuestra atención se centra exclusivamente en los mercados. Resulta, por ejemplo, más que sintomático que cuando se hace la lista de mercados emergentes lo que se nombra es un conjunto de países que, por la magia del lenguaje, han dejado de serlo y se han convertido en (tan sólo) mercados.

Para explorar la cuestión, propuse hacerlo en diálogo con la última encíclica de Benedicto XVI, Caritas in Veritate. He señalado reiteradamente (y así lo volví a hacer allí) que la CV, desde mi punto de vista, tiene notables claroscuros, y que sus últimas páginas son de muy difícil digestión (y no precisamente porque sean de difícil lectura). Pero en nuestra atmósfera intelectual, propia de la sociedad post-moderna y de la modernidad líquida, confrontarse con alguien que tiene la pretensión de ofrecer un planteamiento sistemático, fundamentado y normativo puede ayudar -aunque sea por contraste- a construir la propia visión de las cosas....
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Se ha dedicado, dedica y dedicará mucho de tiempo a afinar definiciones de la RSE, a dicutirlas y a justificarlas. Es una tarea importante y necesaria, pero también subordinada y, hasta cierto punto, secundaria. Porque el problema no es la definición de la RSE, sino el modelo de empresa.

Deberíamos empezar a considerar que lo que hemos vivido y vivimos no es simplemente una crisis económica y financiera (que lo es); ni una crisis moral y de determinados valores (que también lo es). No saldremos adelante si no aceptamos que también es (y quizás por encima de todo) una crisis cognitiva. Una crisis cognitiva que envuelve y sostiene todas las demás crisis. Una crisis que apunta, directamente, a nuestra concepción de aquello que las cosas son. Y, en concreto, en nuestro caso, a aquello que es una empresa. El problema no es partir de determinadas asunciones sobre lo que es una empresa: el problema es convertir a la asunción en una verdad, más allá de la cual no hay otra cosa que el vacío y el abismo. El problema no es tener asunciones: el problema es que las asunciones le tengan a uno. Ya hace un cierto tiempo que U. Beck habló de conceptos zombis: conceptos que son auténticos «muertos vivientes», conceptos que fueron útiles y tuvieron vitalidad en el pasado, pero que ahora sólo perviven en nuestras mentes, sin ningún contacto con la realidad pero absorbiendo nuestra energía. Por eso ninguna definición de RSE no resolverá por sí misma los debates que ella misma pone en marcha. Porque el debate se no se juega en el terreno de la RSE, sino en el terreno de lo que se considera que es una empresa. Todas las resistencias y apologías de la RSE y de la diversidad de sus prácticas no se apoyan en estar más o menos convencidos de lo que sea la RSE, sino que se explican en la medida en que encajan -o no- en la comprensión previa que se tiene de lo que es una empresa. Es verdad...
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¿Será posible convivir en una sociedad en crisis? ¿Y a partir de qué valores lo podremos hacer? Éstas fueron dos de las preguntas planteadas recientemente en un coloquio organizado por CaixaFòrum con la presencia de destacadas voces de la sociedad civil catalana.

El debate, rico y diverso, sirvió para evidenciar que el tema de los valores no es tan sólo una "ocupación" de especialistas, sino una real preocupación de los ciudadanos a la hora de afrontar el apasionante reto de vivir en común. También contribuyó a presentar una visión matizada de la lectura a menudo apocalíptica que se hace. Vale la pena subrayar que en un contexto general saturado de ruido y furia, escuchar a gente cargada de sentido común tiene un importante efecto terapéutico. Quisiéramos comentar de manera muy resumida algunas de las contribuciones que se hicieron.

Empezamos por algunas consideraciones iniciales. Los valores convivenciales los necesitamos siempre, con crisis y sin crisis, aunque seguramente la crisis nos hace caer más en la cuenta de su importancia. La supuesta crisis de valores no viene de ahora, sino que es previa a la crisis financiera, la envuelve y la alimenta. La crisis -como diremos en un próximo libro- puede servir de contraste para darnos cuenta que nos toca vivir "tiempos duros", pero que seguimos con la inercia de actuar con "valores blandos" (como por ejemplo el valor de la inmediatez, la incapacidad de renunciar a nada o de diferir las recompensas, la aspiración al riesgo cero, la proyección de responsabilidades en los demás...). Y a pesar de todo, el pasado no es mejor que el presente. Tenemos problemas de valores, cierto, pero los tenemos en el marco de un cierto progreso, con esferas o dimensiones convivenciales y sociales en las que podemos constatar claras situaciones de mejora. Dentro de la lista de retos actuales podríamos destacar tres. 1) El problema...
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Llevamos ya unos años hablando de RSE. Quizás hablando demasiado pero, supuesto el punto de partida, hablar, debatir y dialogar era sin duda necesario. Pero hemos llegado a un punto en el que ya no hay mucho más que añadir. O, mejor dicho, hemos llegado a un punto en el que lo que hay que añadir ya no son más palabras, sino prácticas y líneas de actuación.

Por eso me parece muy importante la aparición de la Guía de responsabilidad social empresarial para el sector de tecnología sanitaria que acaba de publicar Fenin. Esta guía de Fenin es un paso muy relevante y significativo en esta nueva etapa. Y hablo conscientemente de nueva etapa. Considero que ya hemos de dar por clausurada la etapa de los enfoques generalistas sobre la RSE, en la que siempre se repiten los mismos discursos, los mismos ponentes y los mismos casos prácticos. A partir de ahora, la RSE no avanzará si no se plantea en clave sectorial y de manera adecuada a cada sector. Porque el objeto de la RSE no es una idea, sino la práctica empresarial. Y la práctica empresarial viene configurada por el sector en el que opera. Es necesario, pues, que los sectores empresariales se planteen cuales son las expectativas que la sociedad tiene respecto a su actividad y cual es su contribución a la sociedad. Esto es algo que no se puede dar por supuesto, al contrario: requiere sintonizar con la sociedad, percibir sus demandas y desarrollar la capacidad de reflexionar sobre la propia práctica, para no ser simplemente reactivos, y ser capaces de indagar en cada momento cual es la contribución más positiva que se puede llevar cabo. Y, por consiguiente, estar dispuestos, como sector, al cambio y la innovación. Esta guía de Fenin se inscribe claramente en esta nueva etapa. Y hasta cierto punto representa un paso al frente que pocos sectores se han animado a hacer. Porque es un paso al frente que da una organización...
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Los próximos 27 y 28 de septiembre nos volveremos a encontrar en el Monasterio de Sant Benet de Bages, bajo la hospitalidad de la Fundació Caixa Manresa, un centenar de personas interesadas y preocupadas por el futuro de nuestro país. El encuentro de Sant Benet reunirá a líderes políticos, empresariales, académicos y sociales con la convicción compartida de que sólo podremos avanzar si trabajamos juntos, si definimos conjuntamente los retos prioritarios, y si somos también capaces de consensuar los planes de acción que el país necesita. No es esta una tarea improvisada. La venimos realizando desde hace cinco años. Nos ha servido a todos para aprender de los demás, para compartir información y conocimiento y, sobre todo, para darnos cuenta de que los liderazgos -sobre todo en las esferas social, económica y política- o son relacionales o están condenados al fracaso. A algunos, dedicar todo un día a escuchar y dialogar con los demás les puede parecer una pérdida de tiempo o un ejercicio más de relaciones públicas. Para nosotros, representa el momento oportuno para vincular reflexión y acción, para intentar combinar la dimensión cognitiva con la dimensión propositiva, y para aprender a armonizar las preocupaciones o los intereses privados con la contribución al bien común.

En un contexto institucional destructivo y maniqueo, como lo que a menudo predomina en Cataluña y España, estos espacios transversales quizás no consiguen tener de inmediato un impacto transformador pero ayudan a focalizar e identificar la agenda de temas que el país tendría que tener en cuenta y también a ofrecer pistas y herramientas sobre la manera de abordarlos. Desde el convencimiento de que la acción política continúa siendo una condición necesaria para encontrar una salida exitosa a los problemas que hoy tenemos, pero ante la complejidad de nuestra realidad y...
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A base de clases, reuniones, seminarios y tertulias, vivo en el eterno retorno de una de las preguntas que más veces he oído a lo largo de mi vida profesional: ¿pero bueno, qué es la ética? (habitualmente formulada con el tono pillín de algo así como "te he pillado y de aquí no te escapas"). Pese que ya llevo algunos años en el oficio, y después de siglos de actividad del gremio, no siempre resulta fácil tener disponible alguna respuesta no excesivamente vaga (es decir: ni difusa, ni perezosa). Pero si se trata de dialogar, prefiero contestar con otra pregunta: ¿cómo estás de salud?

Ya se sabe que las respuestas correctas a esta pregunta son frases como, "bien, gracias", "voy tirando", "ya te contaré" o "¿de verdad quieres que te lo diga?". Pero para mí esta es una de las preguntas cruciales de la ética, que no admite respuestas de calibre convencional. Debo reconocer que si atendemos al currículum de los cursos y seminarios, a los índices de los libros, a los temas de los congresos o a los documentos de las empresas, cuando se habla de ética de salud se habla bien poco. Hay otros temas mucho más apreciados. Por ejemplo, los valores; y no digamos temas tan agradecidos como la crisis de valores o la gestión por valores, que sirven tanto para un roto como para un descosido. También resulta de buen ver tratar de normas o pautas de comportamiento reconocidas como aceptables en un momento dado. Y el no va más ya es hablar de prácticas, habilidades y competencias. La vida es complicada, y a menudo lo que nos tranquiliza más es saber qué hacer, y a ser posible que nos lo digan. Tanto Kant como Lenin, por ejemplo, consideraron "¿qué hacer?" como una pregunta crucial e insoslayable, a la que dedicaron algunas páginas (aunque hoy pocos sepan quien fue Kant y, no digamos, Lenin). Pero no nos engañemos, parece que, al respecto, el talante leninista...
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Decía Clint Eastwood, que las dos contribuciones de Estados Unidos a la cultura universal son el jazz y el western. Claro que tras Unforgiven está por ver si hay mucho que añadir a la historia del western. En cualquier caso, dicha historia es, entre otras muchas cosas, una propuesta de educación moral. Una propuesta llevada a cabo de manera efectiva porque se basa en un componente fundamental de toda educación moral: las narraciones ejemplares, y no los sermones o las doctrinas éticas.

Uno de los actores recurrentes en los westerns es James Stewart, que en Shenandoah (doblada al castellano como El valle de la violencia) compone un personaje arquetípico (Charlie Anderson), y protagoniza alguna escena memorable. Se trata de un viudo con siete hijos, propietario de una productiva extensión de terreno, que intenta permanecer al margen de una guerra civil que penetra por todos los intersticios de sus relaciones sociales y familiares. Y lo intenta por diversas razones, mostrando una vez que los principios sólo son claros, distintos y preeminentes cuando se trata de proclamarlos, pero que en la ambigüedad de las actitudes y decisiones vitales se entreveran valores, intereses, afectos y vínculos, y es este cóctel el que configura las trayectorias y las biografías. Aún cuando la guerra se desarrolla a pocos kilómetros de su casa y todo su entorno le presiona para que colabore, él se niega, por una mezcla de rechazo a la violencia, de no sentirla como propia (no tiene esclavos), y de defensa de sus intereses (su vida está centrada en sus propiedades y, más que su autonomía, se diría que defiende su autosuficiencia, confusión que hoy empapa nuestro líquido presente). Su vida es su entorno cercano, nutrido por la memoria de su mujer y de todo lo que ella representaba.

Ante cualquier intento de involucrarle, su respuesta es invariable:...
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Durante este curso académico hemos tenido ocasión de participar en programas para altos directivos en Barcelona, Madrid, Bilbao, San Sebastián, Sevilla o Buenos Aires. En todos los casos sin excepción la petición que se nos ha hecho era coincidente: no insistan en la M (de Management) y acentúen, por favor, la L (de Leadership). Este mensaje no debería dar pie a confusiones. El conocimiento y dominio de las competencias de gestión (tanto en el sector privado como público) sigue siendo considerado un elemento básico, pero para el ejercicio de las responsabilidades y complejidades de la función directiva la gestión es una condición necesaria pero ya no suficiente.

La formación en liderazgo es un reto de primer orden en todas sus dimensiones y para todos los agentes que intervienen: formadores, organizaciones y directivos.

Lo es, en primer lugar, porque al liderazgo no se accede por una simple transferencia de conocimientos o por el dominio técnico de unas habilidades. El trabajo del liderazgo es algo más cualitativo que cuantitativo, tiene que ver más con trabajar los porqués vitales que con trabajar los cómos operativos. Lo explica bastante bien Simon Sinek, en su libro Start with why (2009). En el liderazgo lo que quiero hacer y cómo lo haré no es el factor principal, lo fundamental es por qué quiero hacerlo. La clave del liderazgo está en actuar y comunicarse desde adentro hacia fuera. "Hay líderes y hay quienes lideran –dice Sinek-. Los líderes sostienen una posición de poder o influencia. Quienes lideran, nos inspiran. Seguimos a quienes lideran no porque tengamos que hacerlo, sino porque queremos hacerlo. Seguimos a quienes lideran, no por ellos, sino por nosotros mismos". Seguimos a quienes lideran, diríamos nosotros, porque somos capaces de ver en ellos un por qué, un propósito, porque tienen una creencia convencida y creíble en un...
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Este blog cierra por vacaciones. Aprovecho la ocasión para agradecer a todas las personas que se han acercado en algún momento su interés y su amabilidad. Pero quiero agradecer especialmente a las personas que han activado su suscripción durante este curso su confianza.

En septiembre nos reencontraremos. Hasta entonces, ¡felices vacaciones!

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