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Novedad editorial: El poliedro del liderazgo
 
 



Àngel Castiñeira; Josep M. Lozano

 

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Josep M. Lozano

josepm.lozano@esade.edu
Tel: +34 932 806 162
Ext. 2270

Fax: +34 932 048 105
Av.Pedralbes, 60-62
E-08034 Barcelona


Twitter - Josep M. Lozano

 

Persona, Empresa y Sociedad
El blog de Josep M. Lozano  
   
Autor: Josep M. Lozano Creado: 16/10/2008 11:45
Persona, Empresa y Sociedad - el blog de Josep Maria Lozano


Este blog cierra por vacaciones. Aprovecho la ocasión para agradecer a todas las personas que se han acercado en algún momento su interés y su amabilidad. Pero quiero agradecer especialmente a las personas que han activado su suscripción durante este curso su confianza.

En septiembre nos reencontraremos. Hasta entonces, ¡felices vacaciones!

 



El título del artículo no es una afirmación pretenciosa sobre cualquiera de nosotros dos. Bastantes lectores habrán reconocido un popular eslogan publicitario. Pero, más allá de su contexto comercial, es el retrato y el resumen de toda una época. Hemos estado unos cuantos años viviendo en la apoteosis obscena del yo no soy tonto. Desde quien compraba un piso sobre plano con la alegría de constatar que, antes de que estuviera acabado, ya valía más; pasando por quien sugería hacer la hipoteca por una cantidad superior a lo que sería razonable y acabando por el Master del Universo (Tom Wolfe dixit) que se creía más listo que nadie haciendo lo que antes se denominaba engañar y estafar, y ahora se denominan productos financieros sofisticados. Claro está que las consecuencias y los perjuicios de lo que han hecho los últimos no son comparables con los de los anteriores. Pero ahora no nos interesa este hecho, sino el grito de guerra cultural y vital subyacente que los animaba en todos: ¡yo no soy tonto! (o, cuando menos, soy más listo y espabilado que los demás, y voy siempre un paso por delante). Y no era sólo una dinámica individual, sino algo perfectamente incrustado en la sociedad y en las organizaciones. Guardamos como una pequeña joya que condensa lo que se vivió de manera generalizada la noticia de que una entidad financiera había despedido a unos directivos por haber asumido unos niveles de riesgo que habían puesto en peligro el futuro de la entidad... y en la misma nota de prensa la propia entidad reconocía que los mencionados directivos no habían obtenido un provecho personal, sino que lo hacían para poder alcanzar los objetivos fijados por la misma entidad. O sea, añadimos, que -por defecto o por exceso- les habrían despedido, igualmente ¿no? Dejamos los adjetivos calificativos que corresponden a criterio del lector ...

Ya que las drogas (y...
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La jornada de la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD)de este año estuvo dedicada al Esfuerzo, compromiso y ética. Valores de la gestión empresarial en un mundo en crisis. Nos parece digno de destacar que los empresarios se sumen a los que han querido vincular la salida de la crisis con el tema de los valores. Porque esta relación va a ser cada vez más decisiva.

Una manera sencilla de entender esa relación es aproximarnos a los estudios recientes que relacionan la marca país con valores como calidad, fiabilidad y confianza o, al revés, con sus contravalores. Una marca es la representación que alguien tiene de la identidad de una institución o de un país. La imagen de Alemania, por ejemplo, ha ido asociada a alta fiabilidad en productos industriales y de ingeniería. En cambio, las repetidas referencias a la italianización o argentinización de nuestra vida pública relaciona a esos países con clarísimos contravalores.



El caso español y la evolución reciente de su marca puede servirnos como ejemplo. Hasta hace bien poco, la marca España iba relacionada, en positivo, con aspectos como emoción, vitalidad, ocio, diversión, autenticidad, sociabilidad y democracia. Era el país europeo respecto al cual aumentó más la confianza de los otros ciudadanos de la Unión Europea en los años ochenta y noventa y donde más aumentaba la percepción de transparencia en las prácticas económicas y políticas. Mantenía, sin embargo, peores valoraciones en eficacia, disciplina, trabajo, formación, conocimiento de idiomas, innovación tecnológica... De manera resumida y tal vez tópica, era descrito como un país "bueno para vivir y malo para trabajar". Este equilibrio frágil se ha roto en mil pedazos en los últimos años. Lo decía en noviembre del 2009 Jack Trout, experto en marketing: "España ya no vende como marca en el mundo". Y eso se ha repetido de manera...
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Fuimos con Pilar hace poco al último concierto de Joan Baez en Barcelona. A sus casi 70 años la voz tal vez ha perdido algo de fuerza, vigor y matices, pero su presencia esbelta y vigorosa continúa desbordando el escenario. Sin embargo, con el paso del tiempo, tal vez éstos no son los únicos cambios que han ocurrido. En todas las referencias del concierto destacaba al patrocinador: una entidad financiera. El largo itinerario que va de Woodstock y el We shall overcome a cobijarse bajo un banco es un buen reflejo del proceso de toda una generación.

El público perfilaba este itinerario: mucha gente con pinta de maestro o profesor de instituto a punto de jubilarse, profesores de universidad, abogados, algún dirigente de la patronal (y algún joven que parecía acompañar a sus padres con cara de estar pensando "qué demonios hago yo aquí")… Más que un concierto, era una liturgia. Nada nuevo, puesto que la mayoría de conciertos no son otra cosa. La peculiaridad era que, en esta liturgia, los asistentes parecían más dispuestos a aplaudir su propio pasado que a la cantante: era una celebración de la nostalgia. Ya podía insistir Joan Baez en que presentaría canciones de toda su trayectoria, que las únicas que conmovían y hacían reaccionar la audiencia desde el principio hasta el fin eran las que ella misma calificó como de su primera etapa. Y lo cierto es que, como dice un amigo mío, el tiempo no pasa en vano ni para las verdades eternas: escuchar hoy El preso número 9 en el contexto de la lucha contra la violencia de género es como escuchar una especie de himno oficial de los maltratadores rematado por fervientes aplausos (que no quedan justificados por el supuesto de que se trata de ir contra la pena de muerte). Ya hace tiempo que se avisó que no es lo mismo ser coetáneo...
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A la acción humana no la podemos entender desvinculada de los valores. Una actuación hecha sin criterio valorativo es una actuación ciega, incapaz de dar razón o explicación del su porqué. De la misma manera, no podemos separar los valores de las prácticas ya que los valores sin prácticas son vacíos, huecos. Si hablamos de valores y no nos dirigimos a las prácticas hacemos moralismo vacío, adoctrinamiento.

Pero si no tengo criterio valorativo se me hace muy difícil identificar cuál es el problema y mucho más evaluarlo. Cuando hablamos de temas como, por ejemplo, la buena educación, lo que hacemos es vincularla con buenas prácticas, que al mismo tiempo nos remiten a normas y códigos, y estas reglas de juego, en última instancia, apelan a valores. Digámoslo al revés: las convicciones valorativas normalmente se materializan en normas, que al mismo tiempo se encarnan en (buenas) prácticas. Si cortamos este hilo, despojamos las convenciones y las prácticas del criterio valorativo del que cuelgan y perdemos el sentido profundo de nuestras acciones. Eso les pasa a menudo a los "activistas", que inconscientemente han cortado este circuito constante que conecta valores y acciones.

Una mala sociedad es la que acepta normas arbitrarias no legitimadas en última instancia por un buen valor social compartido. ¿Por qué no aceptamos la tortura o la pederastia entre nuestras prácticas? Porque atentan contra la dignidad de la persona. Si desvinculamos una norma de su legitimidad moral o profesional la estropeamos. Sin embargo, a veces se afirma que los que tienen convicciones las quieren imponer y que, en nuestra vida en común, sería suficiente defender convenciones. Desde esta perspectiva, las normas que establecemos no tendrían un sentido moral, sino tan sólo una dimensión práctica.

Vale la pena detenernos un momento a comentar esta visión. El error común de las...
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Josep Serra, a través del grupo de Linkedin Barcelona Professionals, me envía un mensaje a propósito de mi entrada sobre políticas públicas en el que me plantea lo siguiente: "me gustaría entender qué es exactamente la RSE y por qué nos planteamos una RSE pública, y no privada". La pregunta es compleja, y no se puede responder en su totalidad. Pero puede ser una buena ocasión para contestar la pregunta con otra pregunta, a la que le doy vueltas desde hace tiempo: ¿cuál es la diferencia entre la RSE del siglo XX y la del siglo XXI? He llegado a la conclusión de que la respuesta es la siguiente: la RSE del siglo XX tiene como referencia al gobierno; la RSE del siglo XXI tiene como referencia la gobernanza. Aventuremos una elaboració tentativa.

La RSE convencional tiene como referencia mental (aunque no sea consciente de ello) el Estado-nación. Por eso son tan inacabables -como enojosos y tediosos- debates como voluntariedad / regulación; público / privado; RSE interna / RSE externa; etc. De hecho, lo que los friedmanitas ignoran o no afrontan es que el mantra "la responsabilidad social de la empresa es aumentar sus beneficios" es una afirmación construída en un contexto en el que la globalización no existía ni en los diccionarios. El reto del debate con los friedmanitas no se sitúa en sus argumentos (muchos de ellos más plausibles de lo que los adalides de la RSE estarán nunca dispuestos a aceptar). El reto se situa en su agenda y su marco de referencia mentales, prisioneros de la separación de esferas entre economía y política heredada de los procesos de modernización y de la construcción de los estados-nación. En su sustancia, el debate sobre políticas públicas y RSE se sitúa habitualmente en el paradigma cultural, legal, político y económico propio del siglo XX y que, para lo que nos ocupa, simbolizo en el Estado-nación… mientras que la realidad de las...
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Hace poco me refería a la necesidad de políticas públicas de RSE, a propósito de un acto que se llevó a cabo en ESADE. Gracias a compromiso RSE, disponemos de un reportaje sobre el mismo.

 

 

We Have Met the Enemy and He Is PowerPoint. Este era el título de un reportaje de The New York Times. Trataba sobre el tiempo que dedican cotidianamente los militares usamericanos a elaborar presentaciones en PowerPoint. Una de las más famosas transparencias es ésta, que pone de relieve la complejidad de la estrategia usamericana en Afganistan… y no cabe duda de que consigue su objetivo, si de lo que se trata es simplemente de mostrar la complejidad.

Pero, como dice un general en el citado reportaje, el problema de fondo que se plantea es que el PowerPoint nos vuelve estúpidos. ¿Por qué? Porque como comenta otro general, nos crea la ilusión de haber entendido y de controlar; porque desalienta la discusión, el pensamiento crítico y la toma de decisiones reflexiva. Claro que la culpa, probablemente, no es del pobre PowerPoint. El problema es no haber caído en la cuenta que los formatos no son inocuos; el problema es que los formatos nos formatean. Como le dijo una vez un colega a un estudiante que presentaba una tesina: la presentación es preciosa, pero lo que usted ha dicho no tiene ningún interés. Y, si se me permite una pequeña confesión personal, por mi parte he de decir que tengo prohibido el PowerPoint en determinadas sesiones y seminarios.

El problema, insisto, no es el susodicho programa; el problema es que se ha convertido en la metáfora de nuestra manera de pensar. Un pensar simple, lineal, predeterminado, suma de fragmentos, acumulador de enunciados sucesivos, visualmente impactante y reflexivamente anémico. Me corrijo, últimamente dudo entre si la metáfora de nuestra manera de pensar es el PowerPoint o el programa de televisión 59 segundos,...
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Tuvo lugar en ESADE la jornada RSE y competitividad en el siglo XXI. Las buenas prácticas de las políticas públicas en Europa, organizada conjuntamente con la Generalitat de Catalunya. Uno de los objetivos de la Jornada era presentar en sociedad RSGencat, el plan de medidas de Responsabilidad Social de la Generalitat de Catalunya. Ya me he referido en una ocasión en este plan, al que considero una iniciativa altamente innovadora en lo que corresponde a políticas públicas de RSE.

La jornada hizo emerger algunas cuestiones que, en mi opinión, hoy habría que dar, si no por asumidas, al menos como una referencia de lo que deberíamos tener como punto de partida. Sobre todo si se trata de hablar de políticas públicas y RSE.

¿Políticas públicas de RSE? Pues, sí: hacen falta estas políticas, y más en tiempos como los actuales. Porque lo que está en juego no es tan sólo el salir de la crisis sino el cómo salir y los aprendizajes sobre las malas prácticas que nos han llevado hasta ella. Ahora bien, hay que afinar lo máximo posible: como decía el título de la jornada, hay que poner el acento en la relación entre RSE y competitividad. Los enfoques que no vinculen RSE y competitividad reducirán la RSE a un tipo de embellecedor que puede esperar tiempos mejores o a un último recurso de cirugía estética que puede hacer más estragos que el botox. Los países y las empresas nos tenemos que enfocar en el desarrollo de una competitividad responsable y sostenible, y el debate de la RSE no es más que una variante del debate sobre el modelo de competitividad. Y aquí la prioridad la tienen que tener las políticas de incentivos y apoyo: lo que hay que evitar -¡y más ahora!- es que el impulso de la RSE sea percibido por parte de las empresas como una nueva fuente de problemas, como si ahora ya no tuvieran bastantes. Incluso la necesidad -cada vez más evidente- de regular...
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Acabamos de celebrar un encuentro con las cámaras de comercio nórdicas dedicado al tema del liderazgo, con la participación de empresas finlandesas, suecas, danesas y noruegas que están implantadas en el Estado español. Los países nórdicos son demográficamente "pequeños" (como Cataluña) pero con algunas empresas grandes y exitosas diseminadas por todo el mundo. Ikea, Kone, Flexa y Másmovil han explicado su trayectoria y su manera de entender y ejercer el liderazgo. A nosotros nos ha tocado presentar algunas tendencias emergentes que empezamos a detectar en este ámbito. Las hemos resumido en cinco puntos.

1. Vivimos tiempos de cambio, no aptos para directivos y organizaciones acostumbrados a trabajar con el piloto automático. En el mejor de los casos, nos hará falta tanta gestión como liderazgo. Solo con gestión no será suficiente. Nos sentimos seguros gestionando planes y presupuestos, es decir, conociendo las instrucciones concretas y los calendarios previstos para alcanzar objetivos y cuantificar los resultados. Pero los contextos de cambio nos piden también elaborar una nueva visión y definir nuevas estrategias, es decir, ejercer a fondo el liderazgo y no limitarnos a recurrir a los modelos mentales y hábitos de comportamiento adquiridos y verificados en el pasado. Y eso es igualmente válido hoy para las empresas, para nuestro país y para Europa. La parálisis y el inmovilismo tendrán un precio (de hecho ya lo están teniendo). En el caso de las empresas, quedar fuera del mercado. En el caso de los países, la bancarrota colectiva o retroceder una década.

2. Vivimos también tiempos de internet 2.0 protagonizados por la gente de la generación Y. Se trata de un colectivo peculiar: su colaboración en red les permite ser altamente creativos e innovadores, pero al mismo tiempo son profundamente alérgicos a la visión tradicional de la autoridad. No les gustan el...
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