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Novedad editorial: El poliedro del liderazgo
 
 



Àngel Castiñeira; Josep M. Lozano

 

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Josep M. Lozano

josepm.lozano@esade.edu
Tel: +34 932 806 162
Ext. 2270

Fax: +34 932 048 105
Av.Pedralbes, 60-62
E-08034 Barcelona


Twitter - Josep M. Lozano

 

Persona, Empresa y Sociedad
El blog de Josep M. Lozano  
   
Autor: Josep M. Lozano Creado: 16/10/2008 11:45
Persona, Empresa y Sociedad - el blog de Josep Maria Lozano

A la acción humana no la podemos entender desvinculada de los valores. Una actuación hecha sin criterio valorativo es una actuación ciega, incapaz de dar razón o explicación del su porqué. De la misma manera, no podemos separar los valores de las prácticas ya que los valores sin prácticas son vacíos, huecos. Si hablamos de valores y no nos dirigimos a las prácticas hacemos moralismo vacío, adoctrinamiento.

Pero si no tengo criterio valorativo se me hace muy difícil identificar cuál es el problema y mucho más evaluarlo. Cuando hablamos de temas como, por ejemplo, la buena educación, lo que hacemos es vincularla con buenas prácticas, que al mismo tiempo nos remiten a normas y códigos, y estas reglas de juego, en última instancia, apelan a valores. Digámoslo al revés: las convicciones valorativas normalmente se materializan en normas, que al mismo tiempo se encarnan en (buenas) prácticas. Si cortamos este hilo, despojamos las convenciones y las prácticas del criterio valorativo del que cuelgan y perdemos el sentido profundo de nuestras acciones. Eso les pasa a menudo a los "activistas", que inconscientemente han cortado este circuito constante que conecta valores y acciones.

Una mala sociedad es la que acepta normas arbitrarias no legitimadas en última instancia por un buen valor social compartido. ¿Por qué no aceptamos la tortura o la pederastia entre nuestras prácticas? Porque atentan contra la dignidad de la persona. Si desvinculamos una norma de su legitimidad moral o profesional la estropeamos. Sin embargo, a veces se afirma que los que tienen convicciones las quieren imponer y que, en nuestra vida en común, sería suficiente defender convenciones. Desde esta perspectiva, las normas que establecemos no tendrían un sentido moral, sino tan sólo una dimensión práctica.

Vale la pena detenernos un momento a comentar esta visión. El error común de las...
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Josep Serra, a través del grupo de Linkedin Barcelona Professionals, me envía un mensaje a propósito de mi entrada sobre políticas públicas en el que me plantea lo siguiente: "me gustaría entender qué es exactamente la RSE y por qué nos planteamos una RSE pública, y no privada". La pregunta es compleja, y no se puede responder en su totalidad. Pero puede ser una buena ocasión para contestar la pregunta con otra pregunta, a la que le doy vueltas desde hace tiempo: ¿cuál es la diferencia entre la RSE del siglo XX y la del siglo XXI? He llegado a la conclusión de que la respuesta es la siguiente: la RSE del siglo XX tiene como referencia al gobierno; la RSE del siglo XXI tiene como referencia la gobernanza. Aventuremos una elaboració tentativa.

La RSE convencional tiene como referencia mental (aunque no sea consciente de ello) el Estado-nación. Por eso son tan inacabables -como enojosos y tediosos- debates como voluntariedad / regulación; público / privado; RSE interna / RSE externa; etc. De hecho, lo que los friedmanitas ignoran o no afrontan es que el mantra "la responsabilidad social de la empresa es aumentar sus beneficios" es una afirmación construída en un contexto en el que la globalización no existía ni en los diccionarios. El reto del debate con los friedmanitas no se sitúa en sus argumentos (muchos de ellos más plausibles de lo que los adalides de la RSE estarán nunca dispuestos a aceptar). El reto se situa en su agenda y su marco de referencia mentales, prisioneros de la separación de esferas entre economía y política heredada de los procesos de modernización y de la construcción de los estados-nación. En su sustancia, el debate sobre políticas públicas y RSE se sitúa habitualmente en el paradigma cultural, legal, político y económico propio del siglo XX y que, para lo que nos ocupa, simbolizo en el Estado-nación… mientras que la realidad de las...
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Hace poco me refería a la necesidad de políticas públicas de RSE, a propósito de un acto que se llevó a cabo en ESADE. Gracias a compromiso RSE, disponemos de un reportaje sobre el mismo.

 

 

We Have Met the Enemy and He Is PowerPoint. Este era el título de un reportaje de The New York Times. Trataba sobre el tiempo que dedican cotidianamente los militares usamericanos a elaborar presentaciones en PowerPoint. Una de las más famosas transparencias es ésta, que pone de relieve la complejidad de la estrategia usamericana en Afganistan… y no cabe duda de que consigue su objetivo, si de lo que se trata es simplemente de mostrar la complejidad.

Pero, como dice un general en el citado reportaje, el problema de fondo que se plantea es que el PowerPoint nos vuelve estúpidos. ¿Por qué? Porque como comenta otro general, nos crea la ilusión de haber entendido y de controlar; porque desalienta la discusión, el pensamiento crítico y la toma de decisiones reflexiva. Claro que la culpa, probablemente, no es del pobre PowerPoint. El problema es no haber caído en la cuenta que los formatos no son inocuos; el problema es que los formatos nos formatean. Como le dijo una vez un colega a un estudiante que presentaba una tesina: la presentación es preciosa, pero lo que usted ha dicho no tiene ningún interés. Y, si se me permite una pequeña confesión personal, por mi parte he de decir que tengo prohibido el PowerPoint en determinadas sesiones y seminarios.

El problema, insisto, no es el susodicho programa; el problema es que se ha convertido en la metáfora de nuestra manera de pensar. Un pensar simple, lineal, predeterminado, suma de fragmentos, acumulador de enunciados sucesivos, visualmente impactante y reflexivamente anémico. Me corrijo, últimamente dudo entre si la metáfora de nuestra manera de pensar es el PowerPoint o el programa de televisión 59 segundos,...
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Tuvo lugar en ESADE la jornada RSE y competitividad en el siglo XXI. Las buenas prácticas de las políticas públicas en Europa, organizada conjuntamente con la Generalitat de Catalunya. Uno de los objetivos de la Jornada era presentar en sociedad RSGencat, el plan de medidas de Responsabilidad Social de la Generalitat de Catalunya. Ya me he referido en una ocasión en este plan, al que considero una iniciativa altamente innovadora en lo que corresponde a políticas públicas de RSE.

La jornada hizo emerger algunas cuestiones que, en mi opinión, hoy habría que dar, si no por asumidas, al menos como una referencia de lo que deberíamos tener como punto de partida. Sobre todo si se trata de hablar de políticas públicas y RSE.

¿Políticas públicas de RSE? Pues, sí: hacen falta estas políticas, y más en tiempos como los actuales. Porque lo que está en juego no es tan sólo el salir de la crisis sino el cómo salir y los aprendizajes sobre las malas prácticas que nos han llevado hasta ella. Ahora bien, hay que afinar lo máximo posible: como decía el título de la jornada, hay que poner el acento en la relación entre RSE y competitividad. Los enfoques que no vinculen RSE y competitividad reducirán la RSE a un tipo de embellecedor que puede esperar tiempos mejores o a un último recurso de cirugía estética que puede hacer más estragos que el botox. Los países y las empresas nos tenemos que enfocar en el desarrollo de una competitividad responsable y sostenible, y el debate de la RSE no es más que una variante del debate sobre el modelo de competitividad. Y aquí la prioridad la tienen que tener las políticas de incentivos y apoyo: lo que hay que evitar -¡y más ahora!- es que el impulso de la RSE sea percibido por parte de las empresas como una nueva fuente de problemas, como si ahora ya no tuvieran bastantes. Incluso la necesidad -cada vez más evidente- de regular...
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Acabamos de celebrar un encuentro con las cámaras de comercio nórdicas dedicado al tema del liderazgo, con la participación de empresas finlandesas, suecas, danesas y noruegas que están implantadas en el Estado español. Los países nórdicos son demográficamente "pequeños" (como Cataluña) pero con algunas empresas grandes y exitosas diseminadas por todo el mundo. Ikea, Kone, Flexa y Másmovil han explicado su trayectoria y su manera de entender y ejercer el liderazgo. A nosotros nos ha tocado presentar algunas tendencias emergentes que empezamos a detectar en este ámbito. Las hemos resumido en cinco puntos.

1. Vivimos tiempos de cambio, no aptos para directivos y organizaciones acostumbrados a trabajar con el piloto automático. En el mejor de los casos, nos hará falta tanta gestión como liderazgo. Solo con gestión no será suficiente. Nos sentimos seguros gestionando planes y presupuestos, es decir, conociendo las instrucciones concretas y los calendarios previstos para alcanzar objetivos y cuantificar los resultados. Pero los contextos de cambio nos piden también elaborar una nueva visión y definir nuevas estrategias, es decir, ejercer a fondo el liderazgo y no limitarnos a recurrir a los modelos mentales y hábitos de comportamiento adquiridos y verificados en el pasado. Y eso es igualmente válido hoy para las empresas, para nuestro país y para Europa. La parálisis y el inmovilismo tendrán un precio (de hecho ya lo están teniendo). En el caso de las empresas, quedar fuera del mercado. En el caso de los países, la bancarrota colectiva o retroceder una década.

2. Vivimos también tiempos de internet 2.0 protagonizados por la gente de la generación Y. Se trata de un colectivo peculiar: su colaboración en red les permite ser altamente creativos e innovadores, pero al mismo tiempo son profundamente alérgicos a la visión tradicional de la autoridad. No les gustan el...
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Cuando Harry encontró a Sally es una comedia que, pese a los 20 años transcurridos desde su estreno, resiste razonablemente bien el paso del tiempo. Narra la relación entre una pareja que el espectador, desde la primera secuencia, ya "ve" que están hechos el uno para la otra. Pero ellos son los últimos en enterarse, mientras cada uno dedica sus energías a una sucesión de relaciones y a compartir con el otro cómo le va en ellas. Algo semejante ha sucedido con la RSE y la gestión de personas: sorprende que hasta muy recientemente no se hayan planteado –tanto conceptualmente como organizativamente- sus relaciones, y que su historia sea más bien de la de una ignorancia mutua.

Sostiene la RSE que se trata de un discurso global sobre la empresa, pero venimos de una cultura empresarial en la que lo social y lo laboral se presentaban prácticamente como sinónimos, lo que inversamente ha conllevado, en la práctica, que las cuestiones laborales y las de la RSE hayan avanzado prácticamente en paralelo. Más aún: a menudo esta última se ha visto en la tesitura de limitarse a rellenar los informes de RSE, a hacer memorias, y a tratar con los stakeholders que no estaban asignados previamente a ningún otro departamento de la empresa (es decir: organizaciones e iniciativas sociales de todo tipo).

No cabe duda que uno de los problemas estriba en lo confuso del significado de la S (social) en el discurso y la gestión de la RSE. Pero no cabe duda que hay una serie de cuestiones que deben plantearse ya sin más dilación. Preguntas que tienen, cada una de ellas, su propia lógica, pero que están profundamente entrelazadas. Por ejemplo: ¿cuál es la agenda de la RSE en el ámbito laboral (y viceversa)?; e incluso, ¿tiene sentido...
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Daniel Arenas, Pablo Sánchez y Matthew Murphy acaban de elaborar un excelente informe que lleva por título Relaciones empresariales con comunidades locales y ONG. Comunicación, diálogo y participación. El estudio combina de manera muy equilibrada la clarificación conceptual con el análisis de casos, lo que le permite al lector no tan solo acceder a información relevante, sino también construir su propia comprensión de la cuestión.

Sabemos que se trata de un reto complejo, resultado de la intersección entre el poder creciente de las grandes empresas y la influencia creciente de las ONG. En esa intersección hace tiempo que se ha abandonado la dicotomía captación de fondos versus denuncia y confrontación. El estudio ya en su mismo título da cuenta de la complejidad de relaciones posibles que caben entre la confrontación y la colaboración: comunicación, diálogo y participación. Y si proyectamos la diversidad de variables que confluyen sobre cada uno de ellos, tenemos un mapa de posibilidades que requieren una afinada capacidad de análisis y de gestión por ambas partes.

A riesgo de simplificar –y con ánimo de incitar a la lectura- señalo algunas conclusiones relevantes que pueden extraerse de dicho estudio.

1. Empresas y ONG mantienen visiones diferentes, pero esto no es obstáculo para la colaboración. Parece una obviedad, pero no lo es tanto, y tiene consecuencias prácticas: no se trata de plantear las relaciones desde un juicio global mutuo, ni desde la pretensión de que una parte convencerá de o acercará a la otra a sus posiciones. Se pueden dar aprendizajes mutuos, pero cada parte tiene su visión y razón de ser. Sin embargo, eso no es obstáculo para colaboraciones concretas muy valiosas para ambas partes. Incluso el hecho de identificar ámbitos de colaboración no es óbice para que se mantengan discrepancias sobre otros aspectos de la actuación de cualquiera de los dos actores. Lo que, por cierto, obliga a un trabajo intenso de explicación hacia el interior de su propia organización de las personas responsables de gestionar dichas relaciones.

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El hecho de acabar de publicar un libro sobre el proceso de creación de Món Sant Benet por parte de Caixa Manresa nos ha obligado a reflexionar no tan sólo sobre la construcción de proyectos y los procesos de liderazgo social-empresarial, sino también sobre el mundo de las cajas y la diversidad de sus modelos. Hemos retornado a la cuestión a menudo estos días, al asistir a toda la información que generan las cajas, sus fusiones, sus no-fusiones, y su agrupación territorial. Digamos de antemano que sólo hablamos como espectadores, y que en absoluto somos expertos ni en entidades financieras ni en el sector. Pero no nos sentimos espectadores distantes y asépticos, porque las cajas son entidades muy importantes y, hasta el día de hoy, son un elemento clave y muy valorado para el desarrollo económico, social y cultural de nuestro país.

Lo decimos porque nos resulta muy significativo que en la información que nos brinda ahora la prensa casi nunca nos llega información sobre lo que supone la nueva situación para la obra social. Seamos claros: si está en juego la viabilidad económica presente o futura de las entidades, hay que empezar por aquí. Sin viabilidad económica no hay obra social, solidaridad ni nada que se le parezca. Pero transmitir a la opinión pública la cuestión del reto del futuro de las cajas incluye también hablar de la obra social y de su compromiso con el territorio, más allá de la asignación de porcentajes de gestión o del circunstacial y comprensible recorte de presupuesto. Creemos que una caja no es simplemente un banco sin accionistas y con obra social, como nos dijo una vez una persona que tenía altas responsabilidades en una de ellas. Esta afirmación incluso podría ser plausible si lo que quiere es poner de relieve -quizás de manera torpe- que gestionar una caja no se puede confundir con una especie de paternalismo poco eficiente y poco riguroso....
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En las anteriores notas he puesto de relieve algunas contribuciones que, desde la CV, se hacen al análisis de la realidad empresarial y que podrían tomarse en consideración desde una aproximación a la RSE que no viva encerrada sobre sí misma. Pero, para concluir, es necesario reconocer también que, a veces, la principal dificultad para que se dé una recepción de la DS proviene de ella misma. Y no me refiero solamente al hecho de que a veces la práctica eclesiástica parece incapaz de mirarse al espejo de su propia doctrina. De esto ya hemos hablado y, con ser un serio problema de coherencia y consistencia, no lo explica todo. Las resistencias o la indiferencia ante el discurso de la DS no siempre (ni solamente) son debidos a la cerrazón o a la poca sustancia de sus potenciales oyentes, sino que se encuentran en limitaciones estructurales de la propia DS. Veamos algunas de ellas, particularmente presentes en la CV.

4. ¿Desde dónde se habla y para quién?

Esta pregunta es, finalmente, una pregunta insoslayable para la CV, en la medida que pretenda no tan sólo explotar y diseminar sus planteamientos, sino también hacer posible su recepción. ¿Qué pretende (o qué busca) con su discurso? En este sentido, creo que se le pueden plantear a la CV tres tipos de cuestiones.

4.1 En primer lugar, en la CV se acentúa una tensión que, desde mi punto de vista, ha acompañado siempre a la DS. Por una parte, un discurso ético en el que predomina lo que podríamos denominar el universalismo por abstracción: la creencia de que cuanto más abstracto y más generalista es un discurso moral, más universal es… sin considerar que, a lo mejor, esto es lo que lo convierte en más insulso y más irrelevante. Por otra parte, el hecho de querer preservar incontaminado este universalismo por abstracción a menudo permite que, a la hora de la verdad, se lo pueda vincular a prácticas concretas...
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