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Novedad editorial: El poliedro del liderazgo
 
 



Àngel Castiñeira; Josep M. Lozano

 

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Josep M. Lozano

josepm.lozano@esade.edu
Tel: +34 932 806 162
Ext. 2270

Fax: +34 932 048 105
Av.Pedralbes, 60-62
E-08034 Barcelona


Twitter - Josep M. Lozano

 

Persona, Empresa y Sociedad
El blog de Josep M. Lozano  
   
Autor: Josep M. Lozano Creado: 16/10/2008 11:45
Persona, Empresa y Sociedad - el blog de Josep Maria Lozano

 

Cuando Harry encontró a Sally es una comedia que, pese a los 20 años transcurridos desde su estreno, resiste razonablemente bien el paso del tiempo. Narra la relación entre una pareja que el espectador, desde la primera secuencia, ya "ve" que están hechos el uno para la otra. Pero ellos son los últimos en enterarse, mientras cada uno dedica sus energías a una sucesión de relaciones y a compartir con el otro cómo le va en ellas. Algo semejante ha sucedido con la RSE y la gestión de personas: sorprende que hasta muy recientemente no se hayan planteado –tanto conceptualmente como organizativamente- sus relaciones, y que su historia sea más bien de la de una ignorancia mutua.

Sostiene la RSE que se trata de un discurso global sobre la empresa, pero venimos de una cultura empresarial en la que lo social y lo laboral se presentaban prácticamente como sinónimos, lo que inversamente ha conllevado, en la práctica, que las cuestiones laborales y las de la RSE hayan avanzado prácticamente en paralelo. Más aún: a menudo esta última se ha visto en la tesitura de limitarse a rellenar los informes de RSE, a hacer memorias, y a tratar con los stakeholders que no estaban asignados previamente a ningún otro departamento de la empresa (es decir: organizaciones e iniciativas sociales de todo tipo).

No cabe duda que uno de los problemas estriba en lo confuso del significado de la S (social) en el discurso y la gestión de la RSE. Pero no cabe duda que hay una serie de cuestiones que deben plantearse ya sin más dilación. Preguntas que tienen, cada una de ellas, su propia lógica, pero que están profundamente entrelazadas. Por ejemplo: ¿cuál es la agenda de la RSE en el ámbito laboral (y viceversa)?; e incluso, ¿tiene sentido...
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Daniel Arenas, Pablo Sánchez y Matthew Murphy acaban de elaborar un excelente informe que lleva por título Relaciones empresariales con comunidades locales y ONG. Comunicación, diálogo y participación. El estudio combina de manera muy equilibrada la clarificación conceptual con el análisis de casos, lo que le permite al lector no tan solo acceder a información relevante, sino también construir su propia comprensión de la cuestión.

Sabemos que se trata de un reto complejo, resultado de la intersección entre el poder creciente de las grandes empresas y la influencia creciente de las ONG. En esa intersección hace tiempo que se ha abandonado la dicotomía captación de fondos versus denuncia y confrontación. El estudio ya en su mismo título da cuenta de la complejidad de relaciones posibles que caben entre la confrontación y la colaboración: comunicación, diálogo y participación. Y si proyectamos la diversidad de variables que confluyen sobre cada uno de ellos, tenemos un mapa de posibilidades que requieren una afinada capacidad de análisis y de gestión por ambas partes.

A riesgo de simplificar –y con ánimo de incitar a la lectura- señalo algunas conclusiones relevantes que pueden extraerse de dicho estudio.

1. Empresas y ONG mantienen visiones diferentes, pero esto no es obstáculo para la colaboración. Parece una obviedad, pero no lo es tanto, y tiene consecuencias prácticas: no se trata de plantear las relaciones desde un juicio global mutuo, ni desde la pretensión de que una parte convencerá de o acercará a la otra a sus posiciones. Se pueden dar aprendizajes mutuos, pero cada parte tiene su visión y razón de ser. Sin embargo, eso no es obstáculo para colaboraciones concretas muy valiosas para ambas partes. Incluso el hecho de identificar ámbitos de colaboración no es óbice para que se mantengan discrepancias sobre otros aspectos de la actuación de cualquiera de los dos actores. Lo que, por cierto, obliga a un trabajo intenso de explicación hacia el interior de su propia organización de las personas responsables de gestionar dichas relaciones.

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El hecho de acabar de publicar un libro sobre el proceso de creación de Món Sant Benet por parte de Caixa Manresa nos ha obligado a reflexionar no tan sólo sobre la construcción de proyectos y los procesos de liderazgo social-empresarial, sino también sobre el mundo de las cajas y la diversidad de sus modelos. Hemos retornado a la cuestión a menudo estos días, al asistir a toda la información que generan las cajas, sus fusiones, sus no-fusiones, y su agrupación territorial. Digamos de antemano que sólo hablamos como espectadores, y que en absoluto somos expertos ni en entidades financieras ni en el sector. Pero no nos sentimos espectadores distantes y asépticos, porque las cajas son entidades muy importantes y, hasta el día de hoy, son un elemento clave y muy valorado para el desarrollo económico, social y cultural de nuestro país.

Lo decimos porque nos resulta muy significativo que en la información que nos brinda ahora la prensa casi nunca nos llega información sobre lo que supone la nueva situación para la obra social. Seamos claros: si está en juego la viabilidad económica presente o futura de las entidades, hay que empezar por aquí. Sin viabilidad económica no hay obra social, solidaridad ni nada que se le parezca. Pero transmitir a la opinión pública la cuestión del reto del futuro de las cajas incluye también hablar de la obra social y de su compromiso con el territorio, más allá de la asignación de porcentajes de gestión o del circunstacial y comprensible recorte de presupuesto. Creemos que una caja no es simplemente un banco sin accionistas y con obra social, como nos dijo una vez una persona que tenía altas responsabilidades en una de ellas. Esta afirmación incluso podría ser plausible si lo que quiere es poner de relieve -quizás de manera torpe- que gestionar una caja no se puede confundir con una especie de paternalismo poco eficiente y poco riguroso....
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En las anteriores notas he puesto de relieve algunas contribuciones que, desde la CV, se hacen al análisis de la realidad empresarial y que podrían tomarse en consideración desde una aproximación a la RSE que no viva encerrada sobre sí misma. Pero, para concluir, es necesario reconocer también que, a veces, la principal dificultad para que se dé una recepción de la DS proviene de ella misma. Y no me refiero solamente al hecho de que a veces la práctica eclesiástica parece incapaz de mirarse al espejo de su propia doctrina. De esto ya hemos hablado y, con ser un serio problema de coherencia y consistencia, no lo explica todo. Las resistencias o la indiferencia ante el discurso de la DS no siempre (ni solamente) son debidos a la cerrazón o a la poca sustancia de sus potenciales oyentes, sino que se encuentran en limitaciones estructurales de la propia DS. Veamos algunas de ellas, particularmente presentes en la CV.

4. ¿Desde dónde se habla y para quién?

Esta pregunta es, finalmente, una pregunta insoslayable para la CV, en la medida que pretenda no tan sólo explotar y diseminar sus planteamientos, sino también hacer posible su recepción. ¿Qué pretende (o qué busca) con su discurso? En este sentido, creo que se le pueden plantear a la CV tres tipos de cuestiones.

4.1 En primer lugar, en la CV se acentúa una tensión que, desde mi punto de vista, ha acompañado siempre a la DS. Por una parte, un discurso ético en el que predomina lo que podríamos denominar el universalismo por abstracción: la creencia de que cuanto más abstracto y más generalista es un discurso moral, más universal es… sin considerar que, a lo mejor, esto es lo que lo convierte en más insulso y más irrelevante. Por otra parte, el hecho de querer preservar incontaminado este universalismo por abstracción a menudo permite que, a la hora de la verdad, se lo pueda vincular a prácticas concretas...
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En mis dos anteriores comentarios señalaba algunas de las contribuciones que, en mi opinión, la CV hace al debate sobre la empresa. Básicamente ponía de relieve la interpelación que supone la llamada a nuevos modos de entender la empresa, la invitación a expresar claramente preferencias entre diversos modelos de empresa posibles, y la insistencia en tener el bien común como marco de referencia. También apuntaba que la CV realizaba una aproximación pobre y limitada a la RSE. En esta nota voy a subrayar que como la CV toma nota, de manera desigual, del nuevo contexto económico y social, y como esta constatación debería hacer replantear mucho más a fondo alguno de sus planteamientos más generalistas, porque en su discurso parece dar por supuesto que sobreviven sin problemas sea cual sea el contexto en el que presenten. Y dejo para una entrada posterior algunas notas sobre las limitaciones –algunas de notable calibre- que me parece que arrastra la CV.

3. La empresa y el bien común en un contexto de globalización.

La referencia de la CV para valorar a la empresa y a las prácticas empresariales es, ya lo hemos dicho, el bien común. Pero esta referencia, constante en la historia de la DS, requiere una revisión sustantiva en el contexto actual. Lo curioso es que la CV es consciente del impacto que supone en todos los sentidos el contexto actual, pero sin llegar a explorar a fondo las consecuencias que esto tiene para su propio discurso.

Efectivamente, la CV plantea con toda claridad el reto del bien común, y lo hace en el contexto de la realidad actual, que tiene como referencia la globalización. Pero, en contra de lo que parece suponer la CV, afirmar la referencia al bien común no siempre arrastra de manera obvia su significado. Hablar de bien común requiere siempre aclararse sobre sus dos componentes: cuál es la comunidad del bien, y cuál es el bien...
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En mi anterior entrada exploraba algunos elementos de la CV que podían ser un espacio de diálogo para el club de la RSE. Y ponía énfasis en la preeminencia del bien común, en la necesidad de cambios profundos en la manera de entender la empresa y en la afirmación que pensar bien la empresa solo es posible si se ésta se piensa en todas sus dimensiones (incluyendo las éticas y sociales. Esto nos lleva a la segunda cuestión que suscita la CV: pensar la empresa incluye arriesgarse a decir por qué modelo de empresa apostamos

2. ¿Por qué empresa apostamos?

La ya citada apelación a impulsar cambios profundos en el modo de entender la empresa se vinculan en la CV a una visión más compleja y diversa sobre los modelos de empresa posibles. De modo que podríamos decir que la CV nos conduce a hablar menos de la empresa en abstracto y a centrar nuestra atención en las empresas, en plural y más en lo concreto. Hay que empezar a asumir que, en nuestras sociedades complejas, hablar de la empresa en abstracto cada vez aclara menos cosas… y que hablar de –o defender a- la empresa en abstracto cada vez más es una coartada para no tener definirse sobre prácticas y modelos concretos de empresa.

Esta aproximación conduce a la CV a unos equilibrios, no siempre bien resueltos a mi parecer, en los planteamientos de la CV: por una parte, la constatación de una mayor pluralidad de tipos de empresa; por otra, la afirmación –o la conveniencia- de dicha pluralidad; y, como consecuencia de lo anterior, la preferencia por algunos tipos de empresa. Claro que tampoco hay que pedirle a una encíclica que resuelva todo lo que plantea, pero esta tensión entre constatar, valorar y preferir (sin confundir los verbos entre si, pero sin renunciar a ninguno de ellos) es una buena muestra de lo que hoy es necesario cuando se trata de pensar la empresa… y de debatir sobre ella. Y, aunque...
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Ya han pasado algunos meses desde la publicación de la última encíclica, Caritas in Veritate (CV). Vaya por delante que considero a la CV un texto muy relevante, que aporta novedades importantes en el desarrollo de la Doctrina Social Pontificia (DS), y que lamento que no se le haya prestado suficiente atención o que –lisa y llanamente- haya sido ninguneado por la opinión pública, y también en el club de la RSE (con honrosas excepciones, como la de Antonio Vives). La CV plantea una serie de cuestiones que no puede soslayar nadie que se preocupe mínimamente por la realidad económica y social de nuestro mundo. Y, al mismo tiempo, considero que ella misma se sitúa ante unos interrogantes que no siempre me parece que resuelva suficientemente. En esta entrada y algunas más voy a anotar algunos de los puntos que me parecen más significativos en relación con el tema de las nuevas responsabilidades de la empresa y que creo que vale la pena tomar en consideración sea cual sea la identificación religiosa que cada uno pueda tener.

1. La preeminencia del bien común.

Hay una clave de lectura muy importante para el tema que nos ocupa que es la afirmación de que se requieren "cambios profundos en el modo de entender la empresa" (CV, 40; cursiva en el original). Esto supone un cambio de tendencia muy significativo en el abordaje de la empresa por parte de la DS, que ya se inició en su día con la idea de la empresa como comunidad de personas (aunque esta es una formulación todavía cautiva de lo que más adelante denominaré el déficit por abstracción). Es un cambio de calado porque apunta a la voluntad de pensar directamente sobre la empresa como tal.

Por usar una distinción convencional, la DS siempre se ha sentido más cómoda hablando del nivel macro (los sistemas económicos y sociales) y del nivel micro (la persona) desde una clave fundamentalmente...
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Con Àngel Castiñeira y Raimon Ribera hemos publicado este artículo en la revista VIA. Bajo la forma concisa de 22 tesis hemos querido proponer una aproximación al compromiso, una cuestión que nos preocupa y que consideramos que hoy es un reto cultural de primera magnitud. Quizás las formulaciones pueden parecer en algún momento excesivamente abstractas, pero es un material pensado con pretensión práctica y que ha acompañado el trabajo que hemos llevado ha cabo en ámbitos como, por ejemplo, el Programa Vicens Vives.

1. El compromiso es el fruto de una decisión personal, es decir, de una elección consciente de la voluntad, tomada en un marco de libertad y basada en convicciones arraigadas.

2. A diferencia de las decisiones inmediatas que tomamos de forma cotidiana, esta decisión es "intencional". Es decir, genera en la persona la intención de mantener o prolongar en el tiempo la obligatoriedad autoimpuesta de realizar una acción o un conjunto de acciones. Esta intención puede ser íntima (se hace un propósito, una promesa) o bien públicamente manifiesta (uno da la palabra, se com-promete). Dar la palabra es establecer vínculos: nos vinculan las palabras que damos y los actos que compartimos.

3. Se trata de una decisión que, asumida en el presente (me comprometo a partir de ahora), condicionará, consumirá y nos complicará parte de nuestro tiempo futuro (afectará a mi mañana). Es, por lo tanto, una opción libre pero que, una vez tomada, limitará o impedirá de manera significativa la realización de otras de nuestras posibles oportunidades vitales. Por eso, a menudo, nos hace miedo asumir compromisos, porque la aceptación de un compromiso es también la aceptación de una renuncia.

4. El compromiso nos potencia como personas porque hace añicos nuestra fantasía de omnipotencia. El poeta dice que tot està per fer i tot és possible...
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El Observatorio de los Valores, creado por la Fundación Lluís Carulla y la Cátedra de LiderazgoS de ESADE, acaba de publicar el libro Consumo y valores cuya autora es la doctora L. Albareda. La importancia del consumo en la configuración de los valores de las sociedades contemporáneas ha sido puesta de relieve también recientemente por pensadores como Gilles Lipovetsky (La felicidad paradójica. Ensayo sobre la sociedad del hiperconsumo, 2007) y Zygmunt Bauman que le ha dedicado al tema dos libros recientes (Vida de consumo, 2007; y Mundo consumo, 2010). No es una casualidad. Sin ningún tipo de duda, el consumo ocupa hoy el centro de la organización económica, política y cultural de nuestra sociedad. Hace tiempo que ha dejado de ser un mero instrumento al servicio de nuestra supervivencia material o biológica para convertirse en uno de los factores principales (tal vez el que más) que determina la construcción de las identidades personales, de los estilos de vida, de nuestras formas de pensar y sentir, de las relaciones humanas y de nuestros valores.

Nos guste o no, el capitalismo de consumo ha sustituído a la economía de producción y de trabajo y sus valores. Buena parte de los jóvenes que acceden al mundo laboral hoy ya no identifican el trabajo como el espacio principal de realización personal y profesional, sino simplemente como el instrumento que les facilitará el acceso al dinero y, con éste, al consumo. Para muchos de ellos asociar trabajo con identidad personal y proyecto de vida (aunque sea como posibilidad o como sueño) se ha convertido en algo literalmente im-pensable e in-creible. La relación (o prelación) trabajo-ocio-consumo que habíamos heredado de la sociedad industrial ha saltado por los aires. Tiene poco sentido que las empresas se lamenten de este cambio, ya que han sido y son ellas las que por diversos medios...
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He podido participar en la Conferencia Europea de RSE de la Presidencia Española de la Unión Europea que tuvo lugar en Palma de Mallorca los pasados días 25 y 26 de marzo. A grandes rasgos, no se puede decir que la conferencia haya generado grandes novedades. Pero este tipo de liturgias raras veces lo permiten, por su misma dinámica y por su estructura, a no ser que estén cocinadas de antemano. En cambio, permiten tomar el pulso a lo que circula por debajo de los formatos establecidos y otear por dónde pueden ir algunas tendencias. Mi percepción en estos momentos es que se va avanzando –en parte como resultado de la inercia de los últimos años- y no que dejan de alzarse voces que afirman una voluntad de querer seguir avanzando. Pero – y esta es la cuestión- las mismas voces transmiten la sensación de que querer no siempre es poder… con lo que existe el riesgo, a medio plazo, que este clima desemboque lisa y llanamente en un no querer, como consecuencia de la reiterada constatación del no poder.

Visualitza la imatge a mida completaComo estuve directamente involucrado en el grupo de trabajo que trataba sobre el Informe de RSE, creo que algunos de los temas reiterados en dicho grupo son un excelente reflejo de este clima general.

No nos engañemos: cada vez más la cuestión de los informes de RSE se plantea sobre la pregunta por el grado de obligatoriedad y regulación que debieran tener. Y en este punto las tendencias que reflejaron los debates resultan muy significativas. Quisiera resaltar algunas de ellas, al menos las que a mi me parecieron más relevantes, y que en mi opinión deberían marcar las tendencias del futuro inmediato.

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