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Novedad editorial: El poliedro del liderazgo
 
 



Àngel Castiñeira; Josep M. Lozano

 

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Josep M. Lozano

josepm.lozano@esade.edu
Tel: +34 932 806 162
Ext. 2270

Fax: +34 932 048 105
Av.Pedralbes, 60-62
E-08034 Barcelona


Twitter - Josep M. Lozano

 

Persona, Empresa y Sociedad
El blog de Josep M. Lozano  
   
Autor: Josep M. Lozano Creado: 16/10/2008 11:45
Persona, Empresa y Sociedad - el blog de Josep Maria Lozano

Es un comentario clásico cuando se produce algún escándalo en la gestión de una organización el de reaccionar diciendo que en todas partes hay sinvergüenzas, que se van a tomar medidas pero que resulta muy difícil poder evitar que haya alguien que abuse, que vivimos inmersos en una crisis de valores, que parece mentira que la gente haga estas cosas y bla, bla, bla…

No niego que esto sea a menudo verdad. Pero incluso en los casos en los que es verdad, no es toda la verdad. Entre otras razones porque muy habitualmente, en los procesos de (auto)justificación en las organizaciones, se utilizan las explicaciones y las constataciones como coartadas. Y aquí es donde campa por sus respetos lo que yo denomino la falacia de la manzana podrida. Ya se sabe, en todas partes hay manzanas podridas, y esto es algo casi imposible de evitar.

Francisco Longo, en uno de sus excelentes artículos (No tocar lo que es de todos), plantea en otro registro la misma cuestión. Dice Longo: "Personalmente, estoy convencido de que la gran mayoría de los casos de corrupción no son imputables a individuos que hayan llegado a la política o al servicio público con un propósito previo o deliberado de enriquecerse. Se trata más bien de personas cuyos procesos de socialización, tras acceder al interior del ecosistema institucional político-administrativo y familiarizarse con sus rutinas y pautas de funcionamiento, les indujeron a creer que podían disponer como propios de recursos que son de todos, y así fueron recorriendo, paso a paso, todo ese continuo de prácticas de gravedad creciente". Lo que plantea Longo vale, creo yo, para todo tipo de organizaciones. Porque la falacia de la manzana podrida reduce a lo individual dinamismos y patrones culturales que no son sólo personales, y nos evita la reflexión sobre los marcos organizativos que los hacen posibles. Claro que hay sinvergüenzas, pero...
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...que me dedico a la publicidad, ella piensa que soy pianista en un burdel". Recordé este provocativo título de un libro de Jacques Séguéla hace unos días, después de una reunión, con la pequeña variación que, después de la reunión pensé que había que sustituir "publicidad" por "política".

La reunión reunió a una veintena de personas de entre 30 y 40 años, que se dedican convencidamente y comprometidamente a la política (algunas, a tiempo completo) que tienen diversas responsabilidades políticas de segundo nivel y, por lo tanto, no frecuentan los medios de comunicación. Su militancia cubría prácticamente todo el arco parlamentario. Las habíamos convocado en ESADE para compartir una reflexión a corazón abierto sobre cómo ven y viven el clima social que se está consolidando con relación a la política y que hemos calificado -no sé si acertadamente- como "desafección".

Se habló con sinceridad y valentía, y se constataron sintonías más allá de la diversidad de opciones. De hecho, salí con la sensación de que, si no hubiera sabido cuál era la militancia política de cada participante, no lo hubiera podido adivinar por el contenido de sus intervenciones. De la reunión me impresionaron diversas cosas, y ahora quisiera destacar dos.

En primer lugar, tengo la impresión de que estamos entrando en una nueva forma de clandestinidad política, estamos consolidando un nuevo tabú. Los que se dedican a la política se están convirtiendo en una modalidad de apestados o proscritos. Y el compromiso político está siguiendo culturalmente los pasos de la religión, y se está -paradójicamente- privatizando. Fue muy compartida la constatación por parte de todos ellos de que cada vez hablan menos de política en sus entornos personales y profesionales. A nadie le gusta ser siempre el chivo expiatorio y llevarse todos los palos. Porque cuando dicen que se dedican a la política la...
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[[Éste es un artículo publicado en La Vanguardia conjuntamente con Àngel Castiñeira. A los lectores no catalanes podría ser que el nombre de Jaume Vicens Vives les resultara ajeno. Pero su trayectoria responde a una cuestión universal aunque, como todo lo universal, hunda sus raíces en una problemática local y nacional. Vicens Vives es un caso ejemplar de respuesta a un reto que hoy comparten muchos países: ante una situación de crisis o de deficiencias colectivas resulta imprescindible no perder de vista la visión a largo plazo y trabajar al servicio de una necesidad fundamental. La necesidad de educar a las nuevas generaciones –a los líderes del futuro- en una actitud de compromiso y de transversalidad, de manera que la diversidad de opciones ideológicas y profesionales se sostengan sobre una complicidad básica de servicio a la sociedad, sin que dicha diversidad se sitúe al margen del marco de referencia fundamental que todos deberían compartir]].

El próximo año se cumplirá el centenario del nacimiento de Jaume Vicens Vives. En su corta vida, Vicens destacó como académico e historiador, pero muchos todavía lo recuerdan por algo más. Por contribuir a definir una tarea cívica y política para su generación y diagnosticar correctamente el difícil momento que les tocó vivir. Pero también por atreverse a ir más allá, asumiendo un compromiso formativo con la siguiente generación, traspasando la antorcha de la tarea incompleta y la esperanza no ilusa en un futuro posible y promoviendo un espíritu constructivo no basado en el rencor ni en la venganza.

Vicens Vives comprendió con plena clarividencia que, tras el franquismo, el futuro del catalanismo dependería de la forja de unos nuevos líderes caracterizados por su alta preparación, su calidad humana y su voluntad de compromiso cívico y de servicio a la comunidad. En Notícia de Catalunya (1954) lo expresa...
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El nuevo anuario Compromiso RSE ha publicado en su primera edición una lista de lo que denomina "acontecimientos del año" en RSE. Es bastante conocida -y perfectamente descriptible- mi nula simpatía por los rankings de todo tipo, por razones de método, de credibilidad y de relevancia. Y, a pesar de todo, los sigo leyendo con un mínimo interés. Porque tengo que aceptar que, una vez instalado en el escepticismo militante, no dejo de reconocer que tienen una función sintomática. Precisamente porque leo los rankings desde la incredulidad, no dejo nunca de preguntarme qué signfica que ofrezcan un resultado y no otro (aunque a veces el resultado no haga otra cosa que multiplicar mi incredulidad).

Pues bien: según el ranking al que me refiero (que es el resultado de un cuestionario enviado a los 42 miembros del consejo asesor de la publicación), las cinco noticias más relevantes del 2009 en lo que corresponde la RSE son las siguientes:

1. La administración Obama rompe con los años de la negación del cambio climático. 2. Celebrada la reunión constitutiva del Consejo Estatal de RSE. 3. El parlamento danés vuelve obligatorios los informes de RSE. 4. Cincuenta compañías de inversión instan a la SEC a obligar a las cotizadas a elaborar informes de RSE. 5. La Generalitat de Catalunya aprueba un plan para fomentar la RSE entre empresas y Administración.

Me parece realmente muy sintomático de que todas ellas traten de decisiones de los poderes públicos con relación a la RSE, y que dos de ellas traten de hacer obligatorios los informes de RSE. Alguna cosa debe flotar en la atmósfera para que el listado tenga este sesgo tan patente y potente.

Con todas las reservas que sean necesarias, en los inicios del...
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Con Àngel Castiñeira hemos publicado en el diario AVUI el artículo Pujol, líder, que reproduzco a continuación traducido al castellano.

En febrero de 2009 apareció el libro L’home, l’amic, el president. Homenatge a Jordi Pujol, una miscelánea que recoge la memoria viva de 58 personas que lo han tratado y que aportan un testimonio extraordinario de su actuación cívica y política. A partir de su lectura hemos identificado siete dimensiones relacionadas con el liderazgo de Jordi Pujol. Estas dimensiones tienen que ver con: 1. Rasgos de carácter y competencias; 2. Valores y actitudes; 3. Convicciones; 4. Conocimientos, ideas y visión; 5. Relación interpersonal; 6. Orientación a la acción; y 7. Principales limitaciones. Cada una de estas dimensiones incluyen múltiples aspectos que ayudan a modular la figura poliédrica de quien fue durante 23 años Presidente de la Generalitat.

Entre los rasgos de carácter y competencias destacan un conjunto de cualidades naturales (como la simpatía o la espontaneidad), una gran capacidad intelectual, la autenticidad, la ambición y la seguridad y fortaleza personal.

En el terreno de sus valores y actitudes encontramos tres fuentes principales: la vivencia de los valores procedentes del humanismo cristiano; valores morales; y una lista de valores políticos: el sentimiento patriótico, el compromiso de servicio, el sentido del deber, de la responsabilidad y del honor y una alta sensibilidad social.

Jordi Pujol ha sido también un líder de convicciones profundas. Destacan las convicciones ideológicas: un nacionalismo integrador y socialmente abierto; las convicciones religiosas, derivadas de su fe cristiana; y sus referencias...
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Dicen que cada uno es más hijo de su época que de sus padres. Quizá por eso me vienen a veces a la memoria voces e imágenes que se diría que emergen desde recónditos pliegues biográficos. Y me veo en el colegio aprendiendo de memoria los versos de Campoamor, "en este mundo traidor / nada es verdad ni es mentira. / Todo es según el color / del cristal con que se mira". Con el paso de los años, en algún momento me pregunté si no sería Campoamor un ripioso precursor de la postmodernidad. Pero, vistas las postmoderneces que gastan algunos, ni a vulgares campoamores de bolsillo llegan. Quizá por eso un día comprendí que con Campoamor me había equivocado de enfoque. Porque su aparente trivialidad esconde una interpelación crucial, irrebasable. Hombre, Campoamor: que en función del cristal con el que miramos el mundo se nos colorea de una manera u otra, eso ya la sabemos. La pregunta que no podemos dejar de responder, porque nadie la contestarà en nuestro lugar, es la pregunta por el color de las gafas que hemos elegido para ver nuestra realidad. La pregunta sobre el color de lo que vemos es secundaria: la primaria es la pregunta sobre el color de los cristales que hemos decidido ponernos (o hemos aceptado pasivamente) para mirar el mundo. Por eso Mario Benedetti, corrigió a Campoamor: "todo es según el dolor con que se mira". Yo tenía un colega en ESADE (Sam Husenman, que lamentablemente ya murió) que era un tipo genial, provocativo, inclasificable, que siempre –especialmente cuando me veía caminar acelerado por el pasillo- me paraba con alguna pregunta que me descolocaba. Pero un día me paró para hacerme una confesión: "he de decirte que no he empezado a entender un poco todas esas cosas incomprensibles de la ética que explicas hasta que me he aficionado a la pintura, porque para poder empezar a pintar antes he de tomar una decisión fundamental: he de escoger el... Leer más »

 

Éste es el título de un libro extraño, desigual, a ratos intensísimo, a ratos enfáticamente tópico. Pero todo él rezuma una sinceridad creíble, y con momentos que te golpean de una manera directa, desnuda, sin resquicios que te permitan escapar. El libro narra unos meses de la vida de Eugene O'Kelly, que fue presidente y director general de KPMG (USA), y que en el ejercicio de estas responsabilidades llevó un estilo y un ritmo de vida cuya descripción es un compendio de todos los tópicos y estereotipos que asociamos a estos cargos (vuelos transoceánicos, golf, agendas a rebosar...). Pero los meses de la vida de O'Kelly que ocupan casi todas las páginas del libro son los meses que transcurren desde que le diagnosticaron un cáncer incurable hasta su muerte. Y el libro narra, casi siempre en primera persona, cómo los afrontó. Narra cómo estos meses se convirtieron para él "en un viaje espiritual, un viaje iniciático; un viaje que me permitió experimentar lo que había a mi alma desde el principio, aunque hasta entonces había permanecido oculto por el mundanal ruido".

Visualitza la imatge a mida completaDebo decir que el título del libro me repelía. La palabra perfección me produce náuseas, la considero casi tóxica, una fuente inagotable de frustraciones, resentimientos y dominaciones de todo tipo. Con el paso de los años, sin embargo, he ido comprendiendo que la perfección...
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…que por creer que haces poco no hagas nada. Esta frase de Federico Mayor Zaragoza ondeaba como referencia del primer Día del voluntariado que se ha organizado en Abertis y en el que he tenido la suerte de participar. Esta iniciativa se sitúa en el marco del programa de voluntariado corporativo de Abertis. Afortunadamente, la de Abertis no es una iniciativa única (progresivamente algunas empresas están desarrollando sus planes de voluntariado corporativo), pero es bastante excepcional en su planteamiento, en la medida que la iniciativa se sitúa en el marco de una estrategia global de RSE.

Los escépticos y los cenizos, suelen mirar por encima del hombro este tipo de iniciativas. Temen que, más que de responsabilidad social corporativa, se trate de responsabilidad social decorativa. Esto es así en aquellos casos en los que se trata casi de un divertimento, como cuando las empresas organizan un día de excursionismo solidario, que parecen un remedo de las excursiones que anualmente organizaban los colegios en el pasado o los cumpleaños de ludoteca y fast food de hoy. Cuando las empresas juegan a la solidaridad, a la responsabilidad social decorativa, el resultado es una obscenidad, con cobertura mediática, por supuesto, pero obscenidad.

Pero cuando el voluntariado corporativo es un elemento más que se inserta coherentemente en una política global de RSE, política que va configurando un itinerario, entonces los escépticos y los cenizos deberían aparcar sus prejuicios y atender a la realidad. A la realidad y, sobre todo, a sus potencialidades, en muchos casos todavía pendientes de ser desarrolladas. La Jornada a la que me refiero era un momento de visibilidad especialmente intensa para el programa Voluntaris,...
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La expresión techo de cristal es cada vez más popular: no hay política progre o directiva con altos niveles de responsabilidad que no aluda a ella. No hay análisis de los consejos de administración y de los comités de dirección en clave de género que no añada la consabida coletilla. El techo de cristal apunta a la existencia de un obstáculo invisible que impide el progreso en la carrera profesional de las mujeres en las empresas (y en todo tipo de organizaciones), especialmente cuando se aproximan a la cumbre. La idea de invisibilidad del techo debido precisamente a su transparencia se justifica porque su existencia no es explícita, no está formalmente establecida: consiste en un conjunto de creencias, prácticas, tradiciones, hábitos, estilos de dirección, modelos organizativos que se viven como algo dado, consustancialmente inamovible, una verdadera apoteosis de una supuesta normalidad. Pero sus consecuencias son muy visibles, y aquí no hay dudas, porque los datos las muestran: baja presencia de mujeres en los niveles directivos, diferencias salariales, desigual carga de trabajo, falta de equidad en el reconocimiento, etc.

No cabe duda de que el techo de cristal es una imagen potente, que tiene fuerza, y que transmite gráficamente el núcleo de lo que quiere resaltar. La pregunta, sin embargo, es si la misma expresión nos encamina o no a la solución del problema. El uso de metáforas e imágenes para pensar los retos de la gestión nunca es gratuito ni inocente y, además, en la práctica de la gestión muy a menudo pesan más la imágenes y las metáforas que los conceptos. Desde la mano invisible hasta las redes; desde las máquinas y los engranajes hasta los tiburones y los escaladores, las imágenes y las metáforas nos han ayudado a pensar...
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Carles Campuzano es conocido en el mundo de la RSE por ser, junto con Ramón Jáuregui, uno de los dos parlamentarios que más se han comprometido para impulsar el debate de la RSE y su asunción en el mundo político. A día de hoy, me parece que ambos han tenido más éxito -en lo que se refiere a este punto concreto- fuera de sus formaciones políticas que dentro de ellas. Y eso que impulsaron, entre muchas otras cosas, la creación de una Subcomisión en el Congreso de Diputados para debatir políticamente sobre el la RSE, una iniciativa parlamentaria muy interesante, única en Europa, que ha servido para dar pasos adelante, pero que, en mi opinión, tenía un potencial muy superior en comparación con los resultados alcanzados y considero que ha sido en parte desperdiciada, al menos hasta ahora.

Acaba de aparecer un libro que, bajo la forma de una larga entrevista, nos presenta de manera clara y vigorosa su perfil político, personal y -si la palabra no molesta en este contexto, y no tendría por qué- profesional: Carles Campuzano. El patriotisme a peu de carrer. En él podremos encontrar una reconstrucción del hilo conductor de su trayectoria política y, al mismo tiempo, el marco de referencia en el que esta trayectoria se sitúa. Con honestidad, sin esconder dudas, interrogantes, momentos difíciles, errores, lealtades, preferencias y convicciones. En este sentido, como el libro sólo puede ser biográfico, precisamente por eso es mucho más que biográfico: refleja y expresa una manera de hacer política, una manera de entender la política, y una manera de vivir la política. En este sentido me atrevo a decir que es ejemplar.

La ejemplaridad es una palabra que hemos permitido que se estropee, o porque la encontramos...
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