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Novedad editorial: El poliedro del liderazgo
 
 



Àngel Castiñeira; Josep M. Lozano

 

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Josep M. Lozano

josepm.lozano@esade.edu
Tel: +34 932 806 162
Ext. 2270

Fax: +34 932 048 105
Av.Pedralbes, 60-62
E-08034 Barcelona


Twitter - Josep M. Lozano

 

Persona, Empresa y Sociedad
El blog de Josep M. Lozano  
   
Autor: Josep M. Lozano Creado: 16/10/2008 11:45
Persona, Empresa y Sociedad - el blog de Josep Maria Lozano

Si, según dicen, hay verdades incómodas, quizás pueda haber también preguntas incómodas. Aunque sean simples y simplificadoras, y se formulen con conciencia de serlo. Una de estas preguntas podría ser la siguiente: ¿hasta qué punto el planteamiento de la RSE en España ha sido un planteamiento nacido desde, por, para y hacia el Ibex-35? Que la respuesta pueda ser en buena parte afirmativa, no significa que sea algo cuestionable, rechazable o criticable. Significa que hay que adquirir conciencia de ello, y calibrar sus posibles limitaciones. Quizás hemos vivido tan deslumbrados por ciertos avances de la RSE, que hemos olvidado que toda luz genera sus propias sombras.

No menospreciemos a la RSE del Ibex-35, por favor. En ella han cristalizado muchas y diversas tendencias, casi todas dignas de mención y de reconocimiento: el factor de arrastre que tienen estas empresas en la cultura empresarial; la sensibilidad ante nuevas demandas de los mercados financieros (ISR); la necesidad de encontrar nuevas formas de posicionamiento y diferenciación para las marcas; la innovación vinculada a nuevos modelos y prácticas de gestión; la mayor influencia para generar eco mediático de una tendencia; la capacidad de generar un discurso y un aprendizaje autónomo respecto a las organizaciones empresariales; y así podríamos seguir… No lo menospreciemos, pues. Pero tampoco nos dejemos obnubilar. Sin las empresas del Ibex-35 hoy probablemente no estaríamos hablando de la RSE. Pero si solo hablamos de las empresas del Ibex-35 no estamos hablando correctamente, completamente de la RSE. Sin las empresas del Ibex-35, la RSE no tendría vida. Pero hay vida más allá del Ibex-35.

Últimamente ha circulado...
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El nuevo volumen de memorias del President Pujol empieza con una frase rotunda y breve: para ser eficaz, la acción de un político debe tener tres ingredientes: proyecto, programa y emoción. A estas alturas, entre la mayoría de analistas de la política catalana se da un acuerdo unánime para decir que el país carece de proyecto, pero pocos han estudiado con detenimiento cómo estamos de emociones. La cuestión es relevante porque este vínculo entre emociones y proyecto desborda la perspectiva estrictamente política (partidista) y se convierte en un componente clave de cualquier iniciativa que pretenda insertarse en una visión de país.

Creemos resulta necesario disponer de un mapa emocional de Cataluña lo bastante real como para poder saber mejor qué pasa y qué podemos hacer. La filósofa Martha Nussbaum ha destacado recientemente el rol político esencial de las emociones, diferenciándolas de las pulsiones corporales y de los estados de ánimo. Las emociones son "paisajes del pensamiento", incorporan elementos cognitivos como intencionalidad, creencia, evaluación e imaginación. Si la pensadora tiene razón, quiere decir que la cognición emocional es algo más que la cognición "a secas". Hoy sabemos que también hay pensamiento en los estados animados por la ira, la aflicción, el amor o el miedo. Nussbaum liga muy bien la relación entre proyecto y emociones. "Necesitamos una buena teoría política que nos diga cuáles son nuestros objetivos (el proyecto). Sólo así podremos imaginarnos qué emociones serán necesarias para apoyar estos objetivos y entonces imaginar cómo podemos impulsar a las personas a sentir emociones de este tipo", dice. Más allá de su eco mecanicista, la frase nos interpela sobre la necesidad de tomar en consideración la interrelación entre conocimientos, emociones y valores.

Tres...
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 ...en la escultura. Eso es lo que dijo André Gide ante la Mediterrània de Maillol: "Maillol acaba de introducir el silencio en la escultura". En La Pedrera de Barcelona tenemos la suerte de poder disfrutar de una extraordinaria exposición de Aristides Maillol, un auténtico menú degustación de su obra. ¿Qué es lo que nos hace tan próxima la obra de un artista que dijo de sí mismo que quería inaugurar el siglo, supuesto que podemos decir que el siglo ya ha concluido?

Me atrevería a decir que una mirada apaciguada, cuidadosa, progresivamente serena de su obra desvela, efectivamente, la verdad de la afirmación de Gide: Maillol introduce el silencio en la escultura hasta el punto que la contemplación de sus obras hace emerger lentamente, progresivamente, un silencio interior que es el eco del que el escultor nos ha mostrado.

Mompou ya nos regaló la posibilidad de captar, concebir y pensar una Música Callada. Misterio del espíritu y espíritu del misterio. Lo sutil que, simplemente, ocurre, está ahí. Maillol, en cambio, muestra el silencio presente en la pesadez y la densidad de la materia. Maillol transforma la materia sin que deje de ser materia; el tacto nos evoca la consistencia insoslayable de su realidad y, al mismo tiempo, la pátina tornasolada y cálida nos recuerda que el tiempo es, como dijo Yourcenar, el gran escultor. Nuestro escultor; lo que va dando forma a nuestras vidas.

Lo que cautiva de las esculturas de Maillol es la ligereza que las habita. Se diría que el hecho de que estén depositadas sobre una superficie es una confusión visual. Sólo lo parece, porque se sostienen sobre sí mismas. No son figuras aladas, pero parece que las podrías sostener sin esfuerzo, incluso las de más volumen.

Quizás es todo eso lo que nos lo hace tan próximo. Porque nos transmite...
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Este fue el comentario del director de un periódico, cuando estábamos debatiendo cómo los medios de comunicación crean la agenda de lo que es relevante y configuran el universo sobre el que pensamos. La objeción, como se puede suponer, era la habitual: superficialidad, banalidad, irrelevancia, solo hablar de lo negativo y escandaloso… He rememorado este comentario a menudo mientras hemos llevado a cabo con mi colega Àngel Castiñeira el seminario sobre Valores y dirección pública en el programa EMPA de ESADE. Durante 13 horas hemos estado acompañando a 35 directivos del sector público en su reflexión sobre los valores que deben regir el servicio público y sobre los instrumentos y las prácticas que pueden favorecer su integración en la gestión cotidiana.

Por eso quiero insistir en que lo importante no siempre es interesante (al menos mediáticamente). Porque la reciente proliferación de escándalos y malas prácticas (ante la que toda clarificación y transparencia será poca) pesa como una losa sobre el ingente número de directivos y profesionales del sector público que llevan a cabo su trabajo con disponibilidad, rigor, esfuerzo y decencia. Y, encima, el uso entre morboso y partidista de estos hechos los está convirtiendo en una arma de destrucción masiva no tan solo de los valores democráticos, sino también de la autoestima y el reconocimiento de quienes nunca han traspasado estas líneas que nunca debieran traspasarse.

Lo importante es el compromiso profesional de estas personas. Su disposición al cambio. Su compromiso con el servicio a los ciudadanos. Su preocupación por la ética pública. Su interés en mejorar y modernizar las diversas administraciones públicas en las que trabajan. Su sinceridad cuando se trata de compartir experiencias y problemas. Y también su lucidez y realismo. Para reconocer las tensiones y las limitaciones con las que trabajan....
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Hay un frase de Freud que se repite a menudo, con pequeños matices y variantes según el traductor o el citador. Según parece, Freud opinaba que había tres oficios o prácticas imposibles: educar, curar, gobernar. Supuesto que solo soy un simple lector interesado, pero ni soy psicoanalista ni tengo ninguna formación sistemática al respecto, me tomo la libertad –y, si quieren, la frivolidad- de hacer mi propia lectura de lo que late en esta afirmación.

Como no me interesa demasiado el debate sobre el supuesto pesimismo antropológico de Freud, quisiera empezar resaltando que en nuestra cultura las tres prácticas profesionales comparten, al menos, dos componentes constitutivos: son fundamentalmente y ante todo relacionales; y tienen una dimensión vocacional. Requieren, por tanto, un encuentro y un reconocimiento entre personas. Ambos componentes hoy se proponen de manera amortiguada y con una especie de sordina, especialmente el segundo. La falaz identificación entre profesionalización y tecnificación intenta neutralizar cada vez más a dichos componentes. Neutralización que a menudo se suele querer compensar, con mejor intención que acierto, con una apelación a los valores. Con la creencia ingenua de que se puede compensar un déficit relacional y vocacional con una apelación abstracta a valores; valores con los que, por supuesto, en el plano intelectual es imposible no estar de acuerdo. Y así nos evitamos coger el toro por los cuernos: comprender estos oficios –estas prácticas- debiera ser ante todo comprender determinadas relaciones, comprender la manera como se llevan a cabo, y comprender cómo y desde dónde las viven los implicados. Y el componente vocacional debiera no quedar confundido bajo las brumas de lo casi místico-religioso, para hacer emerger que se trata de oficios que no se reducen a las destrezas que alguien pueda adquirir, sino que implican también...
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Ya han tenido lugar en las sedes de ESADE en Barcelona y Madrid las presentaciones de mi libro La empresa ciudadana como empresa responsable y sostenible. Creo que han sido dos actos muy interesantes, en los que los diversos ponentes y los asistentes (gracias por acompañarme) han planteado cuestiones de gran calado. Como, por razones obvias, soy la única persona que ha asistido a las dos, hay algo que me ha llamado mucho la atención: desde el punto de vista del contenido los dos actos han sido bastante diferentes, y las cuestiones que se han planteado en Barcelona no han sido las mismas que las que se han planteado en Madrid. Pero ha habido una coincidencia: en ambos lugares se ha planteado la necesidad de revisar a fondo un tópico de la RSE: el de su voluntariedad. Revisar en el sentido de que quizá la voluntariedad no es algo que deba ser tan obvio y evidente.

La voluntariedad ha sido uno de los grandes totems de la RSE. Algo casi sagrado, que se daba por supuesto y más allá de lo cual no se podía pensar la RSE. Dame el punto de apoyo de la voluntariedad y levantaré el mundo de la RSE, era el mantra indiscutible. Axiomático… y tabú. ¡Ay de quien osaba dudar de él! Expulsado de la comunidad que piensa bien (¿bienpensante?) la RSE. Yo mismo he defendido –y defiendo- el supuesto de la voluntariedad. Me parece que hay buenas y sólidas razones para hacerlo. Pero la inercia y la repetición han sustituido las razones a favor de la voluntariedad por la conversión de la voluntariedad en una muralla defensiva.

Primera línea de defensa: la voluntariedad entendida como arbitrariedad. Yo me lo guiso y yo me lo como. Como la RSE es voluntaria, hago lo que quiero y puedo hacer cualquier cosa (y de la manera que crea conveniente). Este planteamiento se apoya en el uso malévolo del problema de las definiciones que arrastra la RSE. Siempre he defendido que el reto de...
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Gracias a la amable invitación de la Fundación Carolina y de la Fundación Euroamérica he podido participar en la III Conferencia España-Iberoamérica de Responsabilidad Social de las Empresas, que ha tenido lugar en Ciudad de Mexico. Los paneles, por lo general, han sido de un altísimo nivel, y estoy convencido de que la conferencia ha dejado un excelente sabor de boca en todos los asistentes. El objetivo de la misma era debatir los impactos que la crisis está teniendo sobre las prácticas responsables, las medidas que se pueden poner en práctica para paliar los efectos negativos de la crisis y plantear estrategias para usar las prácticas responsables como una de las herramientas para combatir los efectos de la crisis y contribuir a la recuperación. Esto supuesto, se dedicó un tiempo específico para el análisis de las políticas públicas que se requerirían y sobre el papel de los medios de comunicación.

Mientras los debates se iban produciendo, le daba vueltas a algo que hace tiempo que me ronda por la cabeza. No se trata de seguir perdiendo el tiempo con el estéril debate de el nombre de la cosa (que siempre me ha interesado muy poco) sino de dar carta de naturaleza a un planteamiento que cada vez me parece más urgente: la necesidad de construir… la RSC!

Quienes me conocen o han leído alguno de mis papeles probablemente se sorprenderán, porque quizás recordarán que desde la noche de los tiempos del tema que nos ocupa siempre he defendido a capa y espada la denominación RSE (de empresa) frente a la RSC (de corporativa). Con mi recuperación de la RSC no pretendo retractarme, sino plantear una nueva cuestión: es necesario que todos aprendamos a enfocar cada vez más los problemas en clave de RSC… de Responsabilidad Social Compartida. No se trata en absoluto de una nueva controversia semántica, sino de comprender mejor algo que es eminentemente práctico....
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En una entrada anterior del blog propuse –medio en broma, medio en serio- que se declarara a los responsables de RSE especie protegida. No porque su trabajo fuera más complejo o más arriesgado que el de otras áreas, sino porque, si realizan su trabajo en serio y hasta las últimas consecuencias, éste conlleva unas tensiones específicas que, a día de hoy, no parece que se puedan resolver sino, a lo sumo, manejar a la búsqueda de un equilibrio siempre inestable.

Por eso, cuando hablé de lo que considero mi mantra personal para la RSE en el año 2010 (subirla al consejo, bajarla al negocio), añadía: "Y, por cierto, esta expresión refleja a la perfección (y tal vez inconscientemente), el lugar que ocupan, y las tensiones que sufren, los responsables de RSE. ¿Quién, sino, está entre el consejo y el negocio, asumiendo e impulsando algo cuyo desarrollo no está directamente en sus manos, cuyo anclaje debe estar a la vez arriba y abajo, pero cuyo poder para conseguirlo es más que relativo (tanto abajo como, no digamos, arriba), pero cuya responsabilidad nominal al respecto es total?" Y allí mismo me comprometí a desarrollar un poco más esta cuestión. Vamos allá.

En primer lugar, los responsables de RSE sufren una tensión a causa de un desajuste importante entre lo que dice el discurso oficial de la RSE y lo que a menudo permite la realidad. No hay enunciado o definición de la RSE que no hable de la relación o el diálogo con los grupos de interés. Con todos. Pero, ¿qué ocurre en la realidad? Pues que cuando las empresas crean el departamento y nombra a su responsable, los grupos de interés ya están asignados: accionistas, relaciones con los inversores; trabajadores, recursos humanos; proveedores, compras; administraciones públicas, relaciones institucionales… y así sucesivamente. ¿Quién (y qué) está libre de asignación? Pues las ong y las memorias de RSE y/o sostenibilidad. Se critica mucho la confusión entre RSE y acción social; o que muchas empresas reduzcan su RSE a hacer una memoria. Pero nos hemos preguntado menos si esto no es una consecuencia inevitable de determinada lógica organizativa: si me nombran para algo y me piden –como suele ser habitual- resultados para ya mismo, ¿por dónde empiezo? Pues por donde queda espacio libre para ocupar en el organigrama vigente y para actuar sin pisarle el callo a ningún colega interno: acción social y hacer memorias. Con independencia de cual sea mi visión de la RSE o la de quien me haya asignado esta responsabilidad. Es más, a menudo la legitimidad interna se gana inevitablemente por impactos externos (noticias en prensa por iniciativas RSE o posición en los ránkings, índices y calificación de las memorias, aunque a veces los propios responsables de RSE sean relativamente escépticos ante todo ello). Solo a partir de este punto de partida, en la medida que su enfoque sea más global y generalista, vienen las tensiones a manejar.

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Visualitza la imatge a mida completaEl gobierno de la Generalitat de Catalunya acaba de aprobar RSEGENCAT, un plan de medidas de responsabilidad social para el período 2009-2012. Por muchas razones, ésta es una iniciativa claramente diferenciada en el panorama actual de las políticas públicas de RSE, y puede convertirse en un referente... si realmente consigue llevarse a cabo en los términos en los que se plantea. Este último comentario no quiere ser una exhibición de escepticismo, sino la expresión de una cautela necesaria en todo lo que hace referencia a la RSE: muchas empresas, organizaciones e instituciones han anunciado iniciativas que el paso del tiempo ha atemperado, no siempre por causas atribuibles a sus impulsores, todo hay que decirlo.

Pero de eso podremos hablar dentro de un año, por ejemplo. Pero ahora ya podemos decir que RSGENCAT ya es un referente en el mismo momento de su nacimiento, por su concepción y su planteamiento. Querría señalar algunos de los rasgos que hacen de este plan una iniciativa importantísima para el desarrollo de la RSE. Una iniciativa que, sin querer ser grandilocuente, creo que se puede afirmar que es una innovación muy significativa en el contexto europeo y, posiblemente, a escala mundial.

1. De entrada, su misión: "impulsar el comportamiento socialmente responsable en todos los agentes sociales, promoviendo especialmente la competitividad responsable y sostenible...
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He dudado mucho antes de dar por bueno este título. La alternativa era este otro: el ejemplo de la CECA. Puesto que finalmente he optado por el primero, iniciemos el comentario per el segundo. He tenido el privilegio de ser invitado a participar en las II Jornadas de Reponsabilidad Social Corporativa que la CECA organizó en la sede de Bancaja. Era un encuentro de personas responsables de RSE en las diversas cajas aunque, como suele suceder en esta área, la responsabilidad de todas ellas era la misma, pero las denominaciones de su cargo eran de lo más diverso.

Hablo del "ejemplo de la CECA" porque este tipo de encuentros me parece muy importante. Hace tiempo que sostengo que es necesaria una moratoria de los actos y congresos generalistas sobre RSE (¡esas mesas redondas en las que todos nos sabemos de memoria el power point de todos!) y que es necesario pasar a realizar encuentros de carácter sectorial, con objetivos precisos, con voluntad de aprender y avanzar (y, si hace falta, realizarlos a puerta cerrada). Siempre he sostenido que en RSE no se puede copiar (en la medida que es un itinerario que cada empresa debe crear a partir de su propia historia, cultura, proyecto y sector), pero se puede y se debe aprender. Aprender de las experiencias y de las prácticas, pero también de la inspiración y las motivaciones que las animan.

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