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Novedad editorial: El poliedro del liderazgo
 
 



Àngel Castiñeira; Josep M. Lozano

 

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Josep M. Lozano

josepm.lozano@esade.edu
Tel: +34 932 806 162
Ext. 2270

Fax: +34 932 048 105
Av.Pedralbes, 60-62
E-08034 Barcelona


Twitter - Josep M. Lozano

 

Persona, Empresa y Sociedad
El blog de Josep M. Lozano  
   
Autor: Josep M. Lozano Creado: 16/10/2008 11:45
Persona, Empresa y Sociedad - el blog de Josep Maria Lozano

Empiezo a escribir estas líneas visualizando dos rostros. Uno de ellos es el de una persona que conocí hace unos años y que, mientras me explicaba una difícil situación profesional que estaba viviendo, me confesaba que a lo largo de toda su vida siempre se había sentido incapaz de estar solo ("y sin hacer nada", añadía). El otro es el de un participante en el Programa Vicens Vives que en una de las sesiones, tras hacer un pequeño ejercicio de silencio y silenciamiento personal, me comentaba que, a sus 34 años, era la primera vez que estaba tanto rato en silencio (en situación de vigilia, claro): fueron 15 minutos.

A menudo, cuando reflexionamos a fondo y en serio con profesionales y directivos sobre su vida personal y profesional, me viene a la cabeza el tantas veces citado pensamiento de Pascal que reza: "tout le malheur des hommes vient d’une seule chose, qui est de ne savoir pas demeurer en repos dans une chambre". No sé qué diría hoy Pascal, con los móviles y los portátiles invadiendo hasta el último rincón de nuestro espacio vital y requiriendo de nosotros una disponibilidad cada vez más incondicional. Pascal no se refería a dejar de hacer unas actividades y pasar a hacer otras actividades para descansar de las anteriores (¡esa absurda expresión tan repetida de "cargar las pilas"!): eso es solo compensar el activismo laboral con el activismo del ocio, y así nos va. Pascal hablaba, simplemente, de estar solos en una habitación: y solos, no nos engañemos, significa desnudos ante nuestras conexiones y desnudos ante nosotros mismos.

Vivimos rodeados de ruido, en el ruido, y para el ruido. Y como nos movemos mucho y cada vez más deprisa, hemos convenido, para tranquilizarnos, en denominarlo actividad, acción. A veces me pregunto qué diferencia sustantiva hay entre determinadas maneras de entender el trabajo (el propio y el de los demás) y el frenético...
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Este es el título del documento que acabamos de publicar con Itziar Castelló. En él proponemos un marco de reflexión sobre la evolución de la RSE. A partir del análisis de la bibliografía y del estudio de seis casos, desarrollamos un modelo de evolución de la RSE en el que distinguimos tres etapas: gestión de riesgos, integración de la RSE en la estrategia y empresa ciudadana. El modelo estudia los cambios que experimentan las empresas, en relación con diversos factores estratégicos, al pasar de una etapa a otra.

Hace solo diez años, Nike era acusada de favorecer el trabajo infantil; General Electric (GE), de contaminar masivamente; y CEMEX, de destruir la biodiversidad. Hoy, no hay más que mirar las páginas web de estas empresas para ver que algo ha cambiado en su enfoque frente a los problemas sociales y medioambientales. Nike es una referencia en la gestión de proveedores; GE lidera una de las mayores iniciativas de gestión medioambiental empresarial, a la que denomina "ecoimaginación", y CEMEX, en colaboración con diversas asociaciones de la sociedad civil, como The Wild Foundation, está contribuyendo a crear reservas de biodiversidad de América Latina (lo que no evita las controversias, claro está).

Resulta difícil determinar qué es lo que ha hecho que estas empresas cambien, pero lo cierto es que han cambiado y, por tanto, es posible investigar cómo han cambiado y qué elementos de cambio han sido fundamentales. Lo que cada vez parece más evidente es que las empresas de referencia en RSE, que empezaron gestionando proactivamente sus riesgos y creando canales de diálogo con algunos de los grupos de interés con los que nunca habían hablado, como las comunidades locales o las ONG...
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Estoy convencido de que en los próximos años la cuestión de la presencia de la RSE en las escuelas de negocios va a ser un tema recurrente. De lo que no estoy tan seguro es de que se plantee de manera adecuada a los tiempos que estamos viviendo. Lo más probable es que el enfoque dominante ponga el acento en el currículum: si se introduce la RSE en los programas (o no), cómo y con qué metodologías. La paradoja es que la cuestión de la enseñanza de la RSE en las escuelas de negocios, hoy por hoy, es, desde mi punto de vista, un tema a la vez pendiente y superado. Pendiente, porque en muchos casos no se han resuelto todavía ni sus contenidos, ni su lugar en los programas, ni sus metodologías. Superado, porque lo que se les plantea a las escuelas de negocios con la pregunta por la RSE no es un tema de currículum, sino una cuestión de identidad. Y mi sospecha es que el tema del currículum no se resolverá satisfactoriamente hasta que se dé respuesta a la cuestión de la identidad. ¿En qué términos? Aunque no cabe duda de que la respuesta es compleja, creo que no es tan difícil esbozar en qué parámetros debería moverse dicha respuesta. Y me arriesgo a ensayar una, aunque sólo sea para poder compartir la reflexión y dialogar sobre ella.

Creo que los dos grandes parámetros en los que debe situarse la presencia de la RSE en las escuelas de negocios son la gestión y la transmisión.

Gestión. Hasta dónde se me alcanza, este es un punto que prácticamente no se ha planteado, y que no puede demorarse más. Dicho de manera simple: ya que (se supone que) las escuelas de negocios hablan de la RSE, ¿se aplican ellas mismas los criterios y la prácticas de la gestión socialmente responsable? Es decir, ¿lo que recomiendan hacer a las empresas tiene sentido también para ellas, o su misión es solo exhortar a los demás sobre lo que debieran hacer? Pongamos de manera desordenada algunos ejemplos posibles: ¿han explicitado su misión y sus valores?; ¿qué relación tienen con sus stakeholders (con diálogo o sin él)?; ¿con qué criterios eligen a sus proveedores?; ¿qué prácticas de conciliación se llevan a cabo en su seno?; ¿cómo funcionan sus instancias de gobierno?; ¿qué niveles de transparencia tiene su modelo de gestión?; ¿realizan algún tipo de memoria anual y, caso de que sea así, de qué informa y con qué criterios?; ¿han incorporado criterios de gestión sostenible?; ¿han valorado su huella ecológica?; ¿han asignado alguna responsabilidad en la gestión de su propia RSE? Y así podríamos seguir, para llegar siempre al mismo punto: ¿cuánto tiempo falta para que un participante en un programa, una empresa asesorada o un patrocinador pregunte a la escuela de negocios por qué no lleva a cabo aquello que dice que es tan beneficioso para la empresa?

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Este es el título del libro que hemos presentado recientemente, y que hemos editado gracias al aliento, la constancia y la convicción de Maria Prandi. La pregunta no es baladí: ¿pueden, realmente, las empresas contribuir a los ODM? Lo que ponemos de relieve en el libro es que, efectivamente, poder, pueden. Ahora bien, ¿quieren? Y, caso de que quieran, ¿cómo pueden hacerlo? En el libro, con una profusión de ejemplos, hemos querido subrayar que los ODM son, a la vez, una oportunidad y una posibilidad para las empresas, especialmente en el contexto de la crisis actual. Y la diversidad de ejemplos y aproximaciones recogidos muestran que la respuesta de las empresas a los ODM es plural –tanto en lo que se refiere a prácticas como a discursos- y que, por consiguiente, la cuestión no es si pueden contribuir (hay una gran diversidad de maneras de hacerlo, algunas muy innovadoras) sino hasta qué punto asumen la voluntad y el compromiso de hacerlo.

Porque el debate en torno a la participación del sector privado como respuesta a la realidad del hambre o la pobreza en el mundo parece que empieza a superar la omnipresente y tediosa discusión de si esta cuestión le es propia o no. Se ha argumentado, con razón, que el sector privado no debería en principio invadir competencias y responsabilidades que corresponden a los Estados cuando se trata de competencias y responsabilidades vinculadas a derechos humanos de carácter universal, como la educación o la salud. Otras voces, más críticas, proceden de las propias empresas que opinan que éstas no deberían tener ningún tipo de responsabilidad respecto a cuestiones totalmente desvinculadas de lo que consideran su principal razón de ser, que es el beneficio económico.

Sin embargo, parece cada vez más claro, en el contexto de la globalización, que todos los actores (y, por consiguiente, también las empresas) son interpelados...
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Acabo de tener la sesión sobre RSE que llevo a cabo en el Senior Executive Program de ESADE, tanto en Madrid como en Barcelona. Ambas han sido muy interesantes –al menos para mí- porque siempre es un privilegio poder dialogar durante algunas horas con personas dispuestas a reflexionar seriamente sobre los retos de las empresas en el mundo de hoy.

Si hay algo que me ha llamado al atención a lo largo de las horas que hemos compartido es la constatación reiterada y repetida de que sobre la RSE lo que abunda es la confusión, multiplicada por el hecho –decían- de que hay gente que habla de ella con gran seguridad, pero sin saber de que habla; y qué decir de quienes, simplemente, la tergiversan. Resulta muy llamativo que uno de los principales diagnósticos sobre la percepción del estado actual de la RSE en España llevado a cabo por dos grupos diferentes de personas con responsabilidades directivas se condense en una palabra: confusión.

En la medida que este estado de ánimo sea un síntoma relevante, creo que plantea un interrogante de gran calibre al que podríamos denominar el club de la RSE. Es decir, aquellas personas que han hecho de la RSE el núcleo de su dedicación cotidiana (directivos, profesionales –en empresas, fundaciones, y organizaciones varias-, activistas, sindicalistas, periodistas, profesores, investigadores, etc.). ¿Cuál es este interrogante? Cada vez estoy más convencido que la cuestión no se refiere al riesgo de confundir discurso con realidad. Esta es, ciertamente, una cuestión de gran magnitud, que ocupa con razón gran parte de los debates, porque se sitúa en el terreno de la credibilidad: ¿hasta qué punto lo que dicen las empresas sobre RSE se corresponde con la realidad? En términos tradicionales, se trataría de la correspondencia entre palabras y hechos. Y, en este caso, los debates se centran en cómo desarrollar y verificar esta correspondencia....
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Vienen tiempos en los que la cuestión de las iniciativas políticas sobre la RSE volverán a estar sobre la mesa. Últimamente hemos hablado mucho sobre si la crisis económica afectará o no al desarrollo de la RSE. O si, simplemente, la ralentizará. Pero todas estas reflexiones han puesto el foco exclusivamente en la empresa; sin embargo, implícitamente, la pregunta no era sobre la RSE en general, sino sobre la iniciativa empresarial referida a la RSE. Y hay que empezar a considerar que otros actores entrarán en escena activamente, justamente tomando la crisis como argumento principal. Tres síntomas de ello: la reciente declaración del board del GRI, la petición al presidente Obama para que cree una agencia dedicada a la RSE o la última nota de la Comisión Europea reiterando que la RSE sigui siendo una prioridad en la crisis económica actual. Y no me parece mal, al contrario, el retorno de la política, también en lo que se refiere a la RSE. (Un retorno de la política, por cierto, que creo incompatible con el retorno o el mantenimiento de ciertos políticos). Ahora bien, el posible retorno al discurso político en RSE ya no podrá ser un mero calco del que teníamos hace un par de años. Porque la credibilidad de este discurso se vinculará cada vez más a que, quien quiera protagonizarlo, dé cuenta también de cómo se lo aplica a sí mismo. Especialmente en lo que se refiere a dos aspectos cruciales.

En primer lugar, no debemos olvidar que, en grados distintos, en todos los gobiernos europeos que llevan a cabo políticas de RSE –también en España- está más o menos pendiente un diálogo interior entre los diversos ministerios afectados, especialmente entre Economía y Trabajo (y/o Asuntos Sociales), a los que, según los países, cabe añadir Medio Ambiente. Esta necesidad es tal que en algunos países los expertos hablan directamente de la existencia de una política dual...
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Ya planteé en otra ocasión que hay una tentación que, cuando se habla del desarrollo de la RSE en el sector financiero, a menudo aparece cuando se trata de las cajas de ahorro: identificar (y confundir) la RSE con su obra social. Esta coartada sólo sería la excusa para no plantearse en clave de RSE todo lo que hace referencia a su modelo de gestión y a su modelo negocio. Las cajas tienen la oportunidad de liderar un modelo de competitividad responsable y sostenible únicamente si superan la autocomplacencia de identificar "social" exclusivamente con el presupuesto de su obra social.

Pero habría otra tentación, que queda perfectamente reflejada en el comentario en que una vez me hizo un alto directivo de una caja de ahorros: "dirigir una caja debe hacerse con los mismos criterios con los que se dirigiría cualquier entidad financiera, con el añadido de que, en este caso, existe una obra social". Cabe decir que la afirmación podría ser plausible si lo que quería poner de relieve es que gestionar una caja no se tenía que identificar con una especie de paternalismo poco eficiente y poco riguroso. Pero si insisto en que es también una tentación es porque tiene el riesgo de disolver una de las grandes razones de ser de las cajas, que es al mismo tiempo uno de sus rasgos diferenciadores: el compromiso con el territorio donde operan. Si, como dice el tópico, no hay texto sin contexto, podríamos decir que no hay caja sin territorio.

Esta última frase puede parecer una tontería y una obviedad... o no. Nos empezamos a acostumbrar al hecho de que puede haber actividad económica sin territorio, y no digamos actividad financiera, que ya hemos visto cómo se puede desarrollar sin ninguna preocupación, atención ni sensibilidad respecto al impacto de sus decisiones en los territorios y las personas que los habitan. Una caja eso no lo puede hacer sin traicionarse a sí misma....
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Hace tiempo que una idea me da vueltas por la cabeza: deberíamos ser capaces de contestar, en serio y a fondo, una pregunta que a veces me hago. ¿Por qué M. L. King dijo "tengo un sueño" y no dijo "tengo un plan estratégico a cinco años"?

Esta pregunta se reactivó una vez más mientras escuchaba la excelente intervención de Josu Jon Imaz en el marco de la Cátedra LiderazgoS y Gobernanza Democrática. La conferencia tenía por título Liderazgo político y liderazgo empresarial. En un momento determinado, Imaz insistió con gran énfasis en que la gente no necesita solo gestión. Necesita también un sueño.

Como la conferencia es accesible, aprovecho el comentario de Imaz para volver a mi pregunta inicial. Y me arriesgo a afirmar que la RSE en los últimos años ha consistido en ilusión, gestión y sueño. Por este orden. Dejo de lado todo lo que la RSE ha tenido de reactivo, coyuntural, acomodaticio u oportunismo. Estas orientaciones solo me interesan analíticamente y descriptivamente, pero en absoluto por si mismas.

Ilusión. Creo que la RSE ha tenido y tiene en sus inicios un fuerte componente de ilusión. Los críticos y escépticos dirán que ilusión, sí, pero en el sentido de engaño, de fantasía que distorsiona la realidad. Pues no. Ilusión en el sentido de querer hacer las cosas mejor. En el sentido de querer avanzar hacia la excelencia. En el sentido de llevar a cabo iniciativas positivas, valiosas y viables. En el sentido de que es posible innovar, no ir por los caminos de siempre y ser eficiente y rentable. En el sentido de que no hay un único modelo de empresa y, más aún, en el sentido de que no hay una única manera de entender el éxito empresarial.

Pero también –y cada vez más- gestión. La RSE no consiste en que...
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Hace unas pocas semanas, Pablo Rodrigo (de la Universidad Adolfo Ibáñez) defendió su tesis doctoral en ESADE, bajo la dirección de Daniel Arenas. Su trabajo llevaba por título La gestión comprometida con el desarrollo sostenible: un modelo basado en empresas chilenas. Su trabajo es muy interesante, entre otras razones, porque contribuye de manera significativa a dar respuesta a unas cuantas preguntas –todas ellas muy importantes- que tenemos entre manos: ¿cómo pueden las empresas desarrollar un modelo de gestión que esté comprometido con el desarrollo sostenible?; ¿qué parámetros hay que tener en cuenta para lograrlo?; ¿se puede afirmar que existe una secuencia razonable de etapas para avanzar en esta dirección?; ¿qué aprenden y qué desaprenden las empresas a lo largo de este proceso?

Pese a ser todas ellas muy importantes, no es la evocación de estas preguntas lo que me ha llevado a hacerme eco de su trabajo. Lo que hoy me interesa subrayar es su referencia: es un trabajo que piensa sobre y a partir de la experiencia de empresas chilenas. Cuando leí su tesis (aparte de aprender mucho) volví a pensar en la necesidad de seguir trabajando para que América Latina tenga una voz propia en el desarrollo de la RSE. Voz propia que debe serlo bajo, al menos, dos parámetros: que responda a su realidad política y social (y no se reduzca a tener que definirse desde la controversia entre los modelos sociales europeo y usamericano); y que responda a su realidad económica y empresarial (y no se reduzca a tener que definirse a partir de lo que hacen en materia de RSE las empresas provenientes de otros países).

En América Latina ya existe una realidad muy rica en lo que se refiere a la RSE. Y una gran diversidad de iniciativas. Alguien puede objetar que desiguales y en proceso; pero quien diga eso, que señale también algún lugar en el mundo en el que la RSE...
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Acabo de realizar mi módulo sobre RSE en el PLD que ESADE y Deusto llevamos a cabo conjuntamente en Bilbao. Los participantes provenían de empresas muy diversas, tanto en lo que se refiere a tamaño como a sectores. A lo largo de la sesión ha habido momentos de diálogo rico e intenso, con aproximaciones no siempre coincidentes, en los que se han planteado cuestiones de gran interés.

A veces pienso que es una pena que este tipo de sesiones no puedan ser observadas por los diversos actores que configuramos el gremio de la RSE (profesionales, directivos, sindicalistas, organizaciones sociales, periodistas… y profesores e investigadores, claro está). Porque sirven para tomar el pulso sobre qué visión se tiene desde la práctica empresarial de todo lo que se refiere a la RSE, especialmente por parte de personas sinceramente interesadas en el tema, y en profundizar en él, pero que lo perciben con una relativa distancia en la medida que no forma parte, hoy por hoy, de su problemática cotidiana de gestión. Entre otras cosas porque el gremio de la RSE, como todo gremio, siempre tiene el riesgo de dar por supuesto que ya se ha generalizado lo que sólo es el tema habitual de unos pocos -¿centenares?- de personas.

Quisiera anotar a vuelapluma unos pocos puntos de entre los muchos que emergieron en los diálogos, porque al final me gustaría comentar una cuestión que se planteó, y que me parece de gran interés.

A vuelapluma, pues:

 La RSE sigue avanzando en lo que se refiere a su incorporación a la agenda de temas sobre los que hay que tener una opinión formada en la gestión empresarial. Pero… hay muchos peros, entre ellos que, en la mayoría de los casos todavía es un tema de opinión, pero no de gestión.

La RSE genera más controversia de la que a veces queremos reconocer, entre otras cosas porque hay buenas razones y argumentos...
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